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03/07/2009 - Almudena Cortés Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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En muchas ocasiones, los drogodependientes pernoctan en los portales o calles de la zona.
Los vecinos de Embajadores, seis años luchando para eliminar las cundas
Han organizado ya 11 concentraciones para denunciar que “están hartos de convivir con la inseguridad y suciedad que genera el inframundo de la droga”.

Llevan más de seis años luchando y algunos de ellos están comenzando a desesperarse al ver que sus quejas no valen para nada. Son los vecinos de la Glorieta de Embajadores y alrededores, que en estos años han convocado ya 11 concentraciones en contra de la proliferación de las cundas, o ‘taxis de la droga’. La última ha sido el pasado 30 de junio; una protesta a la que acudieron unos 300 vecinos que bajo el lema ‘Por un Embajadores libre de cunderos y toxicómanos’, denunciaron la pasividad de las Autoridades en relación a este grave problema, que nos les permite llevar una vida normal. 

“Una minoría no puede romper la armonía de muchos”, se queja Santiago Alonso, presidente de la Asociación de Afectados de la Glorieta de Embajadores. Una Asociación creada hace más de dos años con el único objetivo de hacer desaparecer  “esta lacra”.   

El tráfico de cunderos y toxicómanos es continuo; día y noche deambulan por la Glorieta y alrededores buscando un coche que, a cambio de unos pocos euros, les lleve hasta la Cañada Real Galiana-Valdemingómez, el último ‘hipermercado de la droga’ que sobrevive en Madrid, y a tan sólo 15 minutos de Embajadores. 

Es un servicio que ningún otro taxista estaría dispuesto a realizar, “muchos de los que conducen son también toxicómanos, por lo que así consiguen sacarse el dinero para sus dosis”, dice Santiago. 

Cada vez ocupan más calles

La presencia policial en la zona ha hecho que estos ‘taxis de la droga’ se repartan por otras calles: Martín de Vargas, Moratines, Peñuelas, Pº de las Acacias o Palos de la Frontera, entre otras. Es en estas calles en las que los drogodependientes consumen y trafican con drogas, con total impunidad, a pesar de la presencia policial. 

Los vecinos están hartos de enfrentarse a diario a este tipo de imágenes: “se fuman la plata en cualquier sitio, defecan, orinan y dejan las jeringuillas en los portales, tenemos que aguantar peleas en plena noche. En la zona hay 7 colegios, y no queremos que los niños vivan con esto”, explica Santiago. 

Los comercios de la zona son otros de los grandes afectados. Muchos han cerrado porque no aguantaban más la situación debido a los continuos hurtos. Por su parte, algunos vecinos han decidido dejar el barrio. 

Desde la Asociación no cesan en su lucha; han mandado denuncias al Defensor del Pueblo, al del Menor, al Congreso de los Diputados, a la Presidencia del Gobierno, y han mantenido reuniones con responsables de la Delegación del Gobierno y del Ayuntamiento de Madrid. Todo sin ningún resultado, ya que según la Asociación, “los responsables políticos contestan con un ‘hay un vacío legal’, y con que no se puede hacer nada”. A pesar de ello, los vecinos seguirán concentrándose para pedir una solución.

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