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07/05/2010 - Almudena Cortés Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Los vecinos de esta zona denuncian los continuos ruidos provocados por uno de los locales.
Los vecinos del Paseo de Sta. Mª de la Cabeza, al borde de un ataque de nervios
Una comunidad de vecinos de esta calle lucha por poder dormir sin ruidos. Un bar sin insonorizar es el otro protagonista de esta batalla.

 

La tranquilidad que encuentra la  mayoría de las familias madrileñas cuando llegan a su casa, es lo que más anhelan los vecinos del número 16 del Paseo de Santa María de la Cabeza. Llevan años luchando por algo que para la mayoría es  natural: poder dormir sin problemas, aunque sea sólo por una noche. 

Los ruidos del bar El Barril de Sta. María a este bloque son los culpables de que estas familias estén a punto de sufrir un ataque de nervios, como titulaba Pedro Almodóvar una de sus grandes películas. 

Primero fue la ‘lucha’ contra un grupo de bares latinos, que generaban problemas de ruido. “Esos bares o han cerrado, o se han tranquilizado -explica uno de los vecinos afectados- pero ahora tenemos el problema con el bar El barril de Sta. María. No está insonorizado, por lo que oímos todo, hasta cuando mueven una silla”. 
 
Superan el límite de ruido

Las denuncias han sido constantes. “Tenemos una niña pequeña, que no puede dormir; nosotros tampoco. Así estamos todos los vecinos del bloque. El bar cierra a su hora, a las 2.00 horas, pero siguen con la fiesta dentro, por lo que los ruidos se mantienen casi toda la noche”, se queja este afectado. 

La comunidad de vecinos ya ha denunciado la situación por vía administrativa y están a la espera de respuesta. Sin embargo,  vecinos a titulo individual han formulado la pertinente queja que al cabo de los meses fue respondida por el gerente de la Junta Municipal de Arganzuela explicando que el bar “cuenta con la licencia de actividad y funcionamiento y que se harían las inspecciones pertinentes". Esas quejas han sido trasladadas al Área de Medio Ambiente, que tiene la competencia en estos asuntos. 

Una de estas noches de insomnio ante las llamadas de los vecinos, agentes de Policía se personaron para hacer la medición con sonómetro. Los resultados fueron los esperados: “el ruido superaba los 30 decibelios, que por ley es el máximo admisible en horario nocturno en un hogar”. 

Ahora, los dueños del bar tienen un plazo determinado para realizar la insonorización del local. “No sé cuánto tiempo tendremos que aguantar así, no vamos a parar hasta que consigamos poder dormir; como esta situación se mantenga mucho tiempo, quizá vayamos  por lo penal, porque realmente están atentando contra nuestra salud. No pedimos nada fuera de lo normal, sólo poder descansar en nuestro hogar”. Lo más sorprendente es que el bar siga ejerciendo con total tranquilidad su actividad y siga generando los mismos ruidos "o más si cabe", como nos comenta uno de los vecinos.
 

 

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