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07/10/2008 - V.N. Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El racismo como coartada

Desde hace ya unos cuantos años sufrimos en el distrito de la Arganzuela la proliferación de bares, restaurantes, pubs latinos, con una concentración tal que llegan a estar cuatro seguidos en algunas zonas. Estos locales por regla general, tienen un común denominador: ponen la música a todas horas y a toda pastilla. Este fin de semana he tenido que soportar otra noche de farra latina sin más protección que unos tapones para los oídos y un par de ansiolíticos. Lo malo es que tengo una bebé de seis meses y no puede ponerse ni tapones ni tomar ansiolíticos. Después de llamar en múltiples ocasiones a la Policía Municipal y que me dijeran que iban a mandar una patrulla sin que nunca llegara, llamé a la Policía Nacional para ver si alguien me podía ayudar allí. La respuesta es que ellos no están para estas cosas, que llamara a la Policía Municipal. El problema no es nuevo, llevamos años sufriendo este problema sin que el Ayuntamiento haga otra cosa que gastarse miles de euros en campañas de publicidad contra el ruido. Después de sufrir la música hasta las 3 de la mañana sus sabrosones dueños decidieron poner fin a la jarana, el local sólo tiene licencia de restaurante y debería cerrar a las 12.30 horas.  Pero lo mejor vino a la mañana siguiente cuando decidí bajar para recriminarles su actitud, expuesto a buscarme una bronca o algo peor, y me encontré con esta respuesta: “ustedes se quejan porque son unos racistas”. Manda h… que diría Trillo, no es la primera vez que escucho este argumento para justificar entre algunos inmigrantes cualquier tipo de trasgresión de las normas, todavía recuerdo a un compañero de la facultad de color que viajaba en el trasporte público sin billete y cuando le pillaban esgrimía el racismo como motivo de la denuncia de los revisores. Lo mejor es que casi siempre funcionaba. ¿Hasta cuando estos señores seguirán abusando de nuestra paciencia? 
 

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