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12/07/2013 - María Sánchez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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María Sánchez.
Texto preparado por el centro municipal de mayores para las jornadas comunitarias de Vicálvaro.
Fin de curso, 8 de julio de 2008.

Soy María Sánchez.
Me empadrones en Vicálvaro en 1967 o 68.
Cuando vine a vivir aquí me costó un poco adaptarme, me encontraba un poco desorientada, fueron muchos años viviendo en el centro de Madrid. Vicálvaro era un pueblo un poco abandonado; no recuerdo bien la fecha en que le incluyeron en el distrito de Madrid capital.

Al principio me sentía sola y desorientada, pero poco a poco me fui acostumbrando, fui conociendo a los vecinos, hubo muy buena conexión íntima y sincera.

Entonces había mucho campo y salíamos con los niños, les dábamos la merienda y los niños disfrutaban juntos jugando al balón y demás juego. El pueblo fue prosperando, aunque me dio pena que quitaran el cuartel, ñporque cera había un campo y nos gustaba ir a ver jugar a los soldados al fútbol.

También nos quitaron el parque de bomberos que nos causó nostalgia. Pero quizás mereció la pena porque unas cosas desaparecieron, pero según fueron pasando los años, nos encontramos con otras cosas que me alegran.
Pusieron varias líneas de autobuses que nos podíamos desplazar a otros barrios y eso fue un beneficio para el pueblo y ya no digo el metro, que para mí fue muy importante y para todo el barrio, porque fue un beneficio para los ciudadanos de Vicálvaro. Yo en particular uso mucho el metro porque es más rápido.

Hicieron centros comerciales cerca de cada barriada, lo cual estamos agradecidos, porque nos beneficia a los vicalvareños, que creo que nos llamaban los ahumados por una historia que hay de la Virgen de la Torre, que al final se quedó en Vallecas.

Bueno, paso a mis vivencias. En este pueblo nos fueron haciendo colegios públicos, porque en aquellos años vivíamos mucha gente joven y los niños se multiplicaron. Poco a poco vimos el instituto, mis hijos se tenían que trasladar a San Blas. Fue un placer que los niños pudieran hacer sus estudios aquí sin tener que desplazarse.

Después, en lo que fue el cuartel, nos hicieron la universidad. Se cerraron colegios privados porque no reunían las condiciones debidas, pero nos hicieron colegios públicos, que yo tendría que decir que para mí fueron muy buenos y hubo y hay muy buenos profesores. Algunos de estos colegios también tienen comedor, que es muy beneficioso para los padres que se ven obligados a dejarlos porque tienen que trabajar para poder pagar la hipoteca del piso.

Todos los mayores estamos agradecidos por el centro del Oso y el Madroño, donde nos juntamos y echamos una partida y así pasamos el rato. Los fines de semana aprovechamos para ver las actuaciones que nos ponen en el teatro.
También tenemos el centro de la avenida Daroca, con su pequeña pero acogedora cafetería.

En la avenida Daroca hay comedor para los mayores, los tienen acogidos de día y por la tarde los reparte la ruta. También nos hicieron algunos parques en los que tomamos el sol.

Desapareció el arroyo Chicho, pero construyeron la calle Villablanca, que benefició a mucha gente necesitada y me gusta mucho que hicieran una especie de fuente, que tiene una bajada. Cuando está abierta nos gusta pasear por allí y ver las burbujas del agua y disfrutar del parque.

Creo que el colegio Juan XXIII ha sido algo grandioso para Vicálvaro y lo digo por la parte que me toca. Tengo una sobrina ciega y autista que anteriormente la teníamos que llevar a Arturo Soria y por la tarde la traía la ruta. Para nosotros y otros tantos, fue muy beneficioso.

Me quedarán muchas cosas por contar, pero diré que en la avenida Daroca tenemos los talleres, a los que asistimos muchos mayores y estamos aprendiendo cosas que no pudimos en nuestra niñez, porque aquellos fueron otros tiempos.
Afirmo que nunca me iré de Vicálvaro, aquí tengo mi casa y el Hogar es mi segunda casa porque allí paso el tiempo que puedo con todos los compañeros y con todos los profesores, nuestra directora y la directiva.

Y doy las gracias a todos el centro por lo atentos que son con todos nosotros y la paciencia que tienen con nosotros. A Feli y Teresa las pondría en lo más alto por todo el esfuerzo que hacen para que no nos falte lo mejor. 

También doy las gracias a las personas de la limpieza y a recepción, por lo atentos que son.

Fin de curso 2008

Cuando leí el texto, el profesor que estaba a mi lado me hizo una pregunta. Me dejó un poco impresionada y me pilló distraída recordando una anécdota que pasó el día 1 en el Metro. La pregunta fue: ¿Cuánta tierra tenemos en el mundo? Le respondí, tres partes de agua y una de tierra. Después me pidió que contara la anécdota para que la oyeran todos los compañeros del centro, para quienes hubo una merienda.

Para mí aquel día fue interesante porque estaba mi hija presente y le dieron la enhorabuena… los alumnos de la avenida Daroca.









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