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23/10/2007 - Verónica González Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Los propietarios de la corrala han retomado las obras, tras los requerimientos municipales
Las vecinas no se confían y temen que estos trabajos sólo sean otra forma de dilatar el proceso. En cualquier caso, si la propiedad sigue eludiendo su responsabilidad deberá ser el Ayuntamiento quien asuma la rehabilitación tal y como queda establecido en la legislación vigente.

“De Madrid al cielo, pero pasando por el Ventorrillo primero”, es el grito orgulloso de los inquilinos de una corrala, como cualquier otra del barrio de Lavapiés. Un grito de defensa de las casas donde viven frente a la intención de los nuevos propietarios de declarar en ruina el edificio para construir viviendas de lujo que serán vendidas a precio de oro.

Luisa, Adelaida, Ángela, Juana, Ernestina, María, Esperanza o Chelo son los nombres propios de la re-sistencia. Tampoco nos podemos olvidar de Ramón, el único hombre entre tanta mujer que ha cedido gustoso el protagonismo de la lucha a unas mujeres que ya son conocidas como “las abuelas de Ventorrillo”.

Su triste historia comenzó unos días antes de la llegada del verano, cuando recibieron una carta de la propiedad de la corrala, la inmobiliaria Sistemas 23, donde les requerían a abandonar sus viviendas an-tes del 13 de junio. Alegaban para ello, un supuesto expediente de ruina que amenazaba al edificio, en pie nada más y nada menos que desde el año 1900. De hecho, no dudaron, como denuncian las propias vecinas, en apuntalar los pasillos y en tirar tabiques y techos que habían sido renovados hace algunos años. También quisieron reforzar el interior de las viviendas pero las ancianas, todas a una, se negaron y pasados los meses ninguna de las casas presenta desperfectos a simple vista.

Comenzó entonces un calvario para estas mujeres, que superan en su mayoría los 70 años de edad. Sin embargo, las primeras noches sin dormir, la preocupación y la ansiedad han desembocado en algo inesperado, la seguridad de que nadie podrá obligarlas a abandonar sus casas. Y no les falta razón pues sus contratos de alquiler de renta antigua así lo garantizan.

Otros vecinos, con contratos regidos por la nueva legislación, han preferido negociar y ya han abandonado la corrala. Pero las ancianas no están dispuestas a hacerlo porque con su avanzada edad, las bajas pensiones y las ofertas de la propiedad, en su opinión ridículas, no tienen más alternativas. Todavía resisten en el edificio, junto a los andamios y los escombros, 3 inquilinos con contratos nuevos cuyo futuro es más incierto. A pesar de ello, se mantienen en esta lucha que ya no es sólo personal, sino social, y que es un ejemplo para tantos otros vecinos del centro de la ciudad que se encuentran en una situación parecida. 

Pero lo más soprendente del caso es que defienden lo que la gran mayoría de los madrileños calificaría como “infraviviendas”. Casas que no superan los 20 metros cuadrados, con servicios comunes donde sólo ducharse se convierte en una verdadera odisea. Unas estrecheces e incomodidades, que como en el caso de Adelaida, compartieron cinco personas en una misma vivienda.  

De la mano de sus abogados, la Cámara Oficial de Inquilinos de Madrid, las ancianas han llamado a muchas puertas: el Ayuntamiento, la Comunidad, el Defensor del Pueblo, el Grupo Municipal Socialista... Y todos han respondido de forma positiva. No han dudado tampoco en acudir a los medios de comunicación y han creado, incluso, su propia página web, el7deventorrillo.wordpress.com. Y las movilizaciones empiezan a dar sus frutos. Los técnicos del Área de Gerencia y Urbanismo del Ayuntamiento han confirmado que sobre esta corrala pesa un expediente de rehabilitación y no de ruina, por lo que han requerido a la propiedad a iniciar de forma ininterrumpida las obras de reparación a las que está obligada. La última visita data del pasado 5 de octubre y, a día de hoy, los obreros están trabajando en el edificio.

Las vecinas no se confían y temen que estos trabajos sólo sean otra forma de dilatar el proceso. En cualquier caso, si la propiedad sigue eludiendo su responsabilidad deberá ser el Ayuntamiento quien asuma la rehabilitación tal y como queda establecido en la legislación vigente. Y es que, este inmueble es un ejemplo evidente del viejo Madrid castizo. Está situado dentro del Conjunto Histórico de la Villa de Madrid, de la Zona de Protección Arquológica del Recinto Histórico y del Área de Rehabilitación Preferente del barrio de Lavapiés. 107 años de historia que bien merecen un esfuerzo por parte de todos los implicados.

 

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