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04/09/2007 - Verónica González Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El “Olivar de Chamartín” enfrenta a dos de sus fundaciones propietarias y regidoras
Diego Catalán, presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, ha denunciado el incumplimiento por parte de la Fundación Ramón Areces del convenio suscrito por ambas entidades en 1984.

Una de las sorpresas más gratas de la ciudad, el Olivar de Chamartín, vuelve a ser objeto de polémica y conflicto entre dos de las fundaciones propietarias y regidoras de la finca. Entre las calles Menéndez Pidal, Henri Dunat, Padre Damián y Alberto Alcocer,  sobrevive este espacio paisajístico singular que no sólo es importante por conservar olivos centenarios sino por haber sido escenario de distintas iniciativas culturales impulsadas por Ramón Menéndez Pidal, quien tuvo su casa en el olivar; así como por reunir en la actualidad valiosos archivos bibliográficos en las sedes de las entidades que disfrutan del enclave.

En esta ocasión, Diego Catalán, presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal,  ha denunciado el incumplimiento por parte de la Fundación Ramón Areces del convenio suscrito por ambas entidades en 1984. Este acuerdo comprometía a los firmantes a velar por la conservación de la Casa Menéndez Pidal (sede de la fundación del mismo nombre), a continuar la labor de investigación histórica y filológica, y a conservar los archivos y el incremento de su biblioteca. El acuerdo funcionó hasta febrero de 2004, al menos esto es lo que asegura Diego Catalán quien en un comunicado manifiesta que desde entonces “la fundación Areces no sólo ha incumplido todas y cada una de sus obligaciones sino que ha iniciado una escalada de acosos” hacia la Fundación que preside “llegando incluso a asaltar su sede”.

Los incumplimientos de la entidad  propietaria de la finca se han traducido, por ejemplo, en el impago de las partidas destinadas a mantenimiento, seguridad, restauración o jardinería. Gasto que ha tenido que asumir la entidad presidida por Catalán para evitar, en lo posible, el deterioro de este entorno incluido por el Ayuntamiento en el Catálogo de Edificios Protegidos desde 2006. Sin embargo, el propio Ca-talán asegura que la Biblioteca “ha sufrido daños irreparables en sus secciones Moderna e Hispanoame-ricana”, mermando “su prestigio institucional al haber tenido que mantener inaccesibles a los investigadores durante todos estos años sus valiosos fondos hispanoamericanos”.

A todas estas irregularidades hay que sumar también la no convocatoria del Consejo Mixto de Patro-nos dos veces al año. Una comisión mixta interfundacional cuya presidencia y poder de convocatoria recae en el propio presidente de la Ramón Areces.

Por su parte, los responsables de la entidad “denunciada” se mantienen ajenos a la polémica y prefieren no contestar el comunicado firmado por Diego Catalán.

 

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