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30/12/2008 - Sara Morales Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Primer plano de colección de cromos de fútbol inglés de 1935.
Así eran los juguetes que traían los Reyes Magos
Un coleccionista ha conseguido reunir más de 1.200 juguetes de otras épocas y lugares.

 

Un mini billar de hojalata, fabricado en Alemania en los años 30; un fuerte de madera de 1960 creado en nuestro país; recortables de los años 40, o muñecas y marionetas de Argentina u Holanda. Estos son sólo algunos de los 1.200 juguetes (que no piezas) que componen la colección personal de José Miguel García Varela. Un buscador de fantasía y recuerdos que ha cedido parte de sus tesoros para la exposición que, hasta el día de Nochebuena, protagonizaba los pasillos del Centro Comercial Arturo Soria Plaza, en este distrito.

Asegura que los juguetes son su pasión desde hace 25 años, cuando su madre le regaló unas piezas de hojalata por Navidades. Desde entonces cada artículo de diversión que pasa por sus manos le sirve para engrosar su mágica colección: “Una colección de juguetes nunca está completa, no te pones retos porque tú no buscas el juguete, es el juguete el que te busca a ti. Siempre hay alguien que conoce tu afición y viene ofreciéndote alguno nuevo, unas veces puedes comprarlo y otras no”. De esta manera ha ido haciéndose con cientos de artículos con un valor histórico, económico y sobre todo emocional, que no tiene precio. Orgulloso de poseer juguetes del siglo XIX, José Miguel habla  emocionado a EL DISTRITO sobre un juego de arquitectura de Richter que llegó a sus manos, completo, con más de 100 años.

Un gran valor sentimental

Aunque hay artículos que por ser muy buscados por los coleccionistas aumentan su valor económico, “para mi hay juguetes que tienen un gran valor sentimental, y que son aquellos con los que yo jugué en mi niñez. Entre estos  podría citarte una baraja de familias de Disney que, aunque la compré barata, tardé mucho en conseguirla”, explica. Sin embargo, también recuerda cierto esfuerzo económico a la hora de hacerse con el primer tren eléctrico o la primera Mariquita Pérez. 

En definitiva,  una colección de sueños e ilusiones que anda buscando un lugar definitivo donde asentarse, y hacer sonreír a cuantos vayan a visitarla. Mientras encuentra su sitio, José Miguel seguirá pidiendo a los Reyes Magos más juguetes. Este año le traerán el mítico Bugatti de Payá, ese coche que todos los niños quisieron tener.

 

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