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15/10/2008 - Sara Morales Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Imagen externa del edificio okupado.
Uno de los okupas en la sala de vigilancia.
Más de veinte jóvenes okupan un edificio del cementerio de La Almudena
El grupo de okupas conforma un colectivo llamado El Dragón y asegura estar ‘llenando de vida un espacio muerto” como es este edificio olvidado y abandonado. Antes era la residencia de empleados del cementerio.

“El Dragón se levanta harto de que Madrid sea la capital de la especulación, de la falta de espacios, de la precariedad de la juventud...”. 

Así comienza el manifiesto que han elaborado los más de veinte miembros del colectivo El Dragón que ocupa, desde el pasado 3 de octubre, un edificio del cementerio de La Almudena. Son jóvenes, de entre 17 y 28 años, y mientras continúan con sus trabajos y estudios cotidianos han decidido instalarse en este inmueble abandonado, como protesta por la “venta fraudulenta y especulación” del mismo. Aseguran que quieren “llenar de vida un espacio muerto, un edificio olvidado que tras varios años vacío hemos decidido recuperar”. Según contaron tres de estos okupas a EL DISTRITO el edificio, que pertenecía al Ayuntamiento, fue vendido hace muchos años a la Funeraria por 100 pesetas. 

En su día, esta casa de cuatro plantas era la residencia del sacerdote y su encargado, albergando también archivos y oficinas. En los años 1989 y 1990 fue reformado, con el objetivo de convertirlo en un archivo histórico y en un museo de carruajes fúnebres. Pero han pasado dieciocho años y lo cierto es que continúa abandonado. Este es el motivo que ha llevado a estos jóvenes del distrito a instalarse en él, presionando a quien competa, para hacer convertirlo en un espacio útil para los vecinos. Por su parte, la Funeraria, de titularidad municipal aunque con un 49% de su capital privatizado, ya ha denunciado ante la Policía la okupación del edificio.

La vida contra la muerte
El colectivo El Dragón, ahora instalado en este espacio a las puertas del cementerio, tiene como objetivo hacer de él una cafetería, unos locales de ensayo e incluso dar clases de castellano a inmigrantes. “Lo que sea con tal de que este edificio tenga vida, porque luego nos hacen creer a los jóvenes que no hay espacios para nosotros”, asegura uno de ellos. Tienen claro que no se irán de allí hasta que no lo imponga una orden judicial, y mientras tanto cuentan con un apoyo popular numeroso, encabezado por las asociaciones de vecinos de La Elipa y Quintana.

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