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09/09/2015 - Julio de la Fuente / @juliodirecto Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El sueño de morfeo

Tras una ardua investigación, la Policía Nacional detuvo hace unos días a una mujer de 35 años que se dedicaba a ligar con señores en locales de ocio para luego llevárselos a la cama, narcotizarles y desvalijarles la casa. 

La mujer frecuentaba, entre otros, el 'Golden', una conocida sala de fiestas de la calle Gran Vía madrileña donde elegía a sus víctimas. Se ponía a hablar con los que creía que podían tener más dinero. Todos eran hombre maduros, algo lógico, ya que ese es el público del local. De hecho, tras bailar el twist con el 'elegido' y beber unas cuentas copas, se cogían de la mano e iban a pasear románticamente por el Templo de Debod. Luego se iban en coche o taxi 'a tomar la última' a la casa del ingenuo sexagenario, que se encontraba ensimismado sólo de pensar que podía acostarse esa noche con una treinteañera.
 
La última copa, lógicamente, era la que llevaba el narcótico. Podría ser el conocido Orfidal, Codeína o cualquier otro fármaco que provoca una terrible somnolencia, momento en el que el 'ligue' aprovechaba para llevarse dinero, móviles, joyas y todo lo que pillara sin que apenas al 'ligado' le hubiera dado tiempo ni tan siquiera a desnudarse. Esto es lo que se conoce en el argot polical como 'la droga del sueño' o el 'beso de Morfeo'. No se trata de una leyenda urbana y sus autores no siempre son mujeres. También se han registrado varios casos 'cebos' masculinos en bares de ambiente gay, aunque muy pocos son los hombres jóvenes que 'asaltan' a mujeres maduras.
 
Otros métodos similares también generalizados son la utilización de estas sustancias –especialmente burundanga– para abusar sexualmente de una joven, incluso llegando a la violación. El crimen lo suelen planificar varios chicos y ellas no suelen acordarse de lo que lo ocurrido hasta ver los rasguños y moratones la mañana siguiente. La culpabilidad suele ser difícil de demostrar y los agresores suelen alegar que las víctimas accedieron voluntariamente al 'desenfreno'. Sea como fuere, estos casos son cada vez más problemáticos para la Policía, no sólo porque te roben en tu casa o la billetera en un burdel, o porque te agredan sexualmente de la forma más impune posible, sino también por el riesgo vital que estas prácticas delictivas entrañan. 
 
Una dosis narcótica elevada administrada puede llevarle a la muerte, o incluso pequeñas dosis a personas mayores o con alguna enfermedad coronaria. Por eso, sobre todo en estos casos, es importante denunciar porque muy pocos lo hacen, avergonzados de lo que pasó o por miedo a que se enteren sus familiares. Y, sobre todo, sentido común. Cuando la mujer que nunca imaginaste se pone al flirtear contigo, o aquel chico al que rechazaste ahora quiere invitarte a un copa, debes pensar fríamente un minuto lo que está pasando. Porque quizá no seas un 'crack de la noche', aunque lo pienses. Y aunque lo seas, vigila tu copa.








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