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09/10/2017 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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La Hermandad ER
Bruno Hernández, el supuesto descuartizador de Majadahonda, ha sido juzgado en los últimos días  por asesinar a su tía Liria y a su inquilina Adriana y, posteriormente, deshacerse de sus cuerpos con una  picadora en el sótano.

A Bruno el primer crimen le salió bien. Su tía le quería como a un hijo porque le ayudaba en las tareas diarias. Pero en algún momento de 2010 la mató, según la Fiscalía. Cuando sus parientes preguntaban por ella, les comentaba que se había enfadado con la familia y que se había ido a vivir a Ávila. Aunque no se lo explicaban, y aún menos que hubiera cedido su vivienda a su sobrino, no la buscaron y se desentendieron de la mujer.
 

Entonces Bruno empezó a hacer negocio con la vivienda de su tía en Majadahonda. La alquiló pero se reservó una habitación de uso exclusivo, al igual que el sótano. Una ciudadana argentina, Adriana Gioiosa, arrendó una habitación. Pero algo salió mal la Semana Santa de 2015. Adriana dejó de dar señales de vida el 1 de abril, lo que desconcertó a su hermano Eduardo, que no dudó en volar a España pocos días después para buscarla. Bruno le dio mala espina desde el principio. No se creyó que se hubiera marchado con un hombre a Barcelona, como le contó. “Voy a encontrar a mi hermana o a su cuerpo”, llegó a decirle antes de interponer una denuncia.

El acusado, al que vieron tirar grandes bolsas de basura de madrugada al contenedor, viajó a Barcelona para posicionar el móvil de la víctima en la ciudad condal. Las cámaras de Renfe le captaron. Incluso llegó a interesarse por dichas imágenes preguntando a los empleados.
 

La Policía le detuvo poco después y registró el sótano, encontrando manchas de pintura debajo de una reciente capa de pintura y la famosa picadora, con ADN de las dos víctimas, entre otras pruebas. También descubrieron que Bruno era esquizofrénico, que se medicaba solo a veces y que había sido ingresado en cuatro ocasiones en los últimos años. Sus delirios eran constantes. Decía que los chinos contaminaban la comida, pensaba que tenía algo en el cuerpo por el que le espiaban, y añadía en su conversación palabras sin sentido en inglés. 
 

Ya en el juicio nos enteramos de una idea paranoide más elaborada. No reconoció haber matado a nadie pero habló de una “Hermandad ER” que gobernaría el mundo, comandada por Hernández y Fernández (los agentes amigos 'Tintín') y formada por personas cuyos nombres contienen las letras e y erre. Así, citó a Aguirre, Zapatero, Berlusconi, Merkel, Junker o a Escribá de Balaguer, al que asegura que veía después de muerto. Y si no tienen esas letras, él se las pone, como a su propio abogado, el conocido Marcos García Montes, que llama 'Míster' o a su novia Bárbara, ahora Verónica. Incluye en la conjura a la Warner o al propio Gobierno, con los que “coopera”. De hecho, piensa que ahora no está en la cárcel, sino en dependencias del Ministerio del Interior. Y todo apunta que por mucho tiempo.









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