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02/12/2008 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Piezas de la vajilla original del buque, rescatadas del naufragio.
Recreación de un camarote de 1ª clase.
Vajilla casi intacta.
Cazerolas pertenecientes a las cocinas del Titanic.
Piezas de uno de los bancos de jardín.
Gafas
Orinal y jabonera de 3ª Clase.
Espejo, tarritos de crema y demás accesorios de aseo.
Parte de la cubertería.
Artículos de vajilla y cristalería.
Más cristalería y menaje del Titanic.
Camarote de 3ª clase.
Camarote de 3ª clase.
Simulación de los exteriores del barco.
Una simulación del iceberg que hundió el Titanic.
El iceberg se encuentra a la misma temperatura que el original.
Fotografías de los españoles que viajaron a borde del Titanic.
Pantalones pertenecientes a un pasajero de 2ª clase.
Listas de los pasajeros del Titanic, dividida en clases, y en las categorías de Supervivientes y Fallecidos.
Los visitantes pudieron tocar el casco del Titanic
El ‘buque de los sueños’, atraca en la Plaza de Colón
230 objetos originales y una pormenorizada recreación de las estancias principales del barco componen la muestra Titanic. Objetos reales, historias reales.

Hace 96 años el buque más lujoso y más rápido jamás construido se hundía en el fondo del Atlántico Norte dejando tras de sí 1.523 fallecidos y alrededor de 705 supervivientes. El Titanic terminaba así su primera y única travesía. Un viaje de ida sin vuelta que dio origen a la leyenda a través de las más de dos mil historias personales y objetos testigos de su naufragio. En la actualidad, la RMS Titanic Inc., única compañía que tiene los derechos reconocidos para la preservación de los restos del buque, ha recuperado 5.000 de esos recuerdos y desde el pasado 20 de noviembre, un total de 230 se encuentran en Madrid. El motivo, la exposición Titanic. Objetos reales, historias reales, un emotivo viaje por la historia y la tragedia que acoge el ‘puerto’ número 5 de la calle Goya-Plaza de Colón. 

Vivir un fatídico trayecto
Una vez a bordo de la muestra, los visitantes se sentirán como en el año 1912. Para empezar, a la entrada obtendrán una réplica exacta de los billetes del Titanic. Cruzada la ‘pasarela’, podrán percibir  los olores de las muestras, aún intactas, que el famoso perfumista Adolf Saafeld -pasajero del barco- trasportaba a Nueva York; admirar piezas de la vajilla original; recorrer las suites de primera clase que en su día ocuparon acaudalados magnates; presionar las palmas de la mano contra un iceberg idéntico al que originó la catástrofe; disfrutar de una bebida en el Café Verandah, inspirado en el café más lujoso del barco; o conocer el sumergible con el que se realizan las expediciones a los restos del buque. Un recorrido, extenso y muy emotivo, por las sensaciones rescatadas de aquel trayecto entre Southampton y Nueva York, que podrán visitar todos los días, en horario ininterrumpido de 10.00 a 20.30 horas.

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