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30/11/2015 - Alejandro Melgares de Aguilar Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo durante la entrevista. /Sebastiano Minciotti
Manuel Zarzo: "Mi vida es mi familia y ser actor, lo que más me duele es no trabajar"
EL DISTRITO repasa la trayectoria del intérprete madrileño, que le va a ser reconocida esta noche con el premio Actúa que concede Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión (AISGE)

Torero, policía, cura, farmacéutico… así hasta 124 películas. Son los papeles que ha encarnado Manuel López Zarza (Madrid, 1932) uno de los actores más polifacéticos del cine, teatro y televisión. Esta noche su carrera se verá reconocida con el premio Actúa, que concede Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión (AISGE). De hecho en su sede nos recibe Manolo o Manuel, así prefiere que le llamen. Con un café en la mano se muestra enérgico, porque a sus 83 años se ve capaz de afrontar cualquier personaje.

Manuel era el menor de ocho hermanos y Pedro fue como su segundo padre, quien acertadamente le aconsejaba que no discutiera sobre fútbol y política. La mayor de todos ellos es María, que a sus 95 años tiene una salud envidiable. Por lo tanto, los Zarzo son genéticamente longevos, “también me he cuidado, no fumo ni bebo ni he cogido un porro en mi vida”, puntualiza Manuel. Su padre era murciano y albañil, su madre de castilla y comadrona, así como la gran culpable de que se dedicara a la interpretación. Ella junto a una vecina montaba obras de teatro en aquellos patios grandes comunitarios de su casa de la colonia de ‘Los carteros’, junto a la avenida de los Toreros. Tanto él como su hermana Pepita participaban en aquellos montajes y les entró el gusanillo de la escena, por eso se apuntaron a las clases de canto, baile y declamación en la academia ‘Doña Eugenia’ de la prospe, que él combinaba con sus estudios en el Ateneo Politécnico. El 12 de julio del 48 se iniciaba la carrera artística de ambos en el teatro Madrid con ‘Los chavalillos de España’. Allí desembocó un año más tarde Angelines, así le llamaban a Lina Morgan, que fue “novieta” de Manolo, él 19 años y ella 16, en el recuerdo aquella la Navidad que ambos pasaron allá por el año 50 en Tenerife, así como su dilatada amistad. Antes de hacer el servicio militar, Manuel ya había recorrido toda España, “lo que me ha permitido conocer a muchas personas maravillosas” y dice ahora no entender “el icono de los nacionalismos”, al tiempo que revela no saber a quién votar en las próximas elecciones generales.

Corría el año 1950, cuando Antonio del Álamo asistió a una de las interpretaciones de Manuel en el teatro de La Latina. El director de cine piensa que es ideal para interpretar al cojo del Rastro de Madrid que le gustaba jugar al fútbol en el film ‘Día tras día’ (1951). A partir de ahí se inicia una estrecha colaboración entre ambos. “No siempre me han ofrecido papeles maravillosos, he podido hacer grandes personajes como colaboraciones”, sopesa Manuel. Y en ese equilibrio se recuerdan grandes papeles como ‘El día de los enamorados’ (1959), ‘Los Golfos’ (1960) o ‘Margarita se llama mi amor’ (1961), entre muchas otras, así como papeles con directores de la talla de Pedro Lazaga, Juan Antonio Bardem, Mario Camus, Carlos Saura o Pedro Almodóvar. Muchos de sus trabajos le traen gratos recuerdos y de todos ellos nos revela uno que le sucedió en el rodaje de ‘Los Guardamarinas’ (1967). Durante una secuencia en la que discutía con Pepe Rubio en ‘casa’ de Pepe Isbert, dos de los grandes de la gran pantalla, le dijeron que había nacido su hijo, el primero de los cinco que tiene.

“Nunca me he considerado un galán”

Manuel reside en Pozuelo de Alarcón y se pasa gran parte del día escuchando música, es amante del flamenco “puro” y de la canción ligera española. Vive con su mujer Pilar, con quien lleva casado más de 30 años, y dos de sus hijos, Hugo y Mario, de 26 y 29 años. Además, tiene “un feeling especial” con su hijo de un matrimonio anterior, el también actor, David Zarzo, quien actualmente se encuentra representando ‘10 negritos’ y quién sabe, si trabajará con él en un futuro. “Mi vida es mi familia y ser actor, lo que más me duele es no trabajar”, confiesa el intérprete madrileño, que admite tener haber aceptado papeles “para sobrevivir”. Al hilo de esto, la frase “mejor hacer cine de consumo que consumirse sin hacer cine”, que le decía Damián Rabal a Tina Sainz, con quien coincidía en ‘Las Ibéricas F.C.’ (1971) es algo con lo que comulga totalmente el actor.

Zarzo se jacta de haber trabajado con los mejores y sobre todo todos ellos Paco Martínez Soria, “con una gran velocidad al hacer teatro” y con quien rodó ‘El hombre de la isla’ (1961) en Jávea (Alicante). En ese film actuaba también Antonio Ferrandis, a quien se le homenajeará esta semana en Valencia y allí acudirá Manuel en su recuerdo. También fue hermano del inolvidable Paco Rabal en la serie de televisión ‘Juncal’ (1988). También en su memoria ‘Ahí va otro recluta’ (1960) con José Luis Ozores, ”no sé de dónde sacaba las fuerzas”, indica el intérprete, ya que empezó a aquejarse de una esclerosis múltiple que acabó con su vida, “a los Ozores le debo mucho, una familia buena, sana y limpia por naturaleza”, asevera. Además, echa más de menos a José Bódalo, Agustín González, María Asquerino, Irene Gutiérrez Caba, Fernando Fernán Gómez, Alfredo Landa, Manolo Gómez Bur o Tony Leblanc, “que era gracioso y buen actor, a diferencia de él nunca me he considerado un galán, no me he visto guapo” . En cuanto a los actores de ahora, pocos le gustan “hay muchos que no se les entiende lo que dicen, tienen que saber donde están las comas y dónde hay una transición de un texto a otro con el mismo diálogo”, manifiesta Manuel. De hecho recientemente ha podido trabajar con algunos de ellos en siete capítulos de ‘Amar es para siempre’, “se rueda a gran velocidad en todas las series y me trataron fenomenal”, indica el actor. En este sentido, añade que en el entorno de su profesión “todo el mundo se sabe quien ha estado para ganar dinero o fantasmear o equivocadamente, todo el mundo se cree que puede ser actor como quien puede ser médico y luego un matarife”.

Éxito en Italia

Manuel confiesa no ver la tele, a veces los informativos porque le gusta estar al día pero no soporta la violencia que reflejan los medios de comunicación, “en mi casa había y hay una paz maravillosa” y reconoce que “no me he pegado nunca con nadie”. Un vez estuvo cerca de hacerlo, cuando Antonio del Álamo le pegó un bofetón para que llorara, eso si era actuar con método. A continuación su hermano Pedro, diez años más que él, estuvo a punto de darle una paliza al director, pero el director de fotografía, Juan Mariné, se puso en medio y lo impidió. Manuel es un foco de anécdotas, como las que se reflejan en Internet y se sorprende cuando le revelamos que hay un Facebook en su nombre. Por el momento, el intérprete no se atreve a bucear en la red, porque con lo “maniático” que reconoce ser, “si me siento con el aparatito me puedo viciar”.

Manuel se entrega por completo a todo y es historia viva del cine español, así lo atestigua el número 38 de su tarjeta de la Academia de Cinematografía. “Han cascado todos los anteriores, Fernando Rey, Juan Antonio Bardem Luis Berlanga” y con este último director tiene la espina clavada de no haber podido trabajar. Y no solo en España, ya que Zarzo ha hecho una infinidad de spaghetti western con actores como Rod Cameron en ‘El sendero del odio’ (1967) y opina que “me habría ido mucho mejor si me hubiera quedado en Italia”. Razón no le falta, tras trabajar con Marcelo Mastroianni y directores de la talla de Ettore Scola, que le contrató tras verle en ‘Siete hombres de oro’ (1965) de Marco Vicario. Tras meditar, no se arrepiente de haber vuelto a España, porque entonces no habría conocido a un su “Pilar” fundamental, que es su mujer.

En cuanto al premio Actúa de esta noche, Manuel revela que “no se lo tengo que dedicar a nadie más que a mi familia y aquellos que me ayudaron desde que era un crío y por supuesto mi entorno” Se siente afortunado, porque aún le sigue parando la gente por la calle, ya que es un rostro conocido de nuestras pantallas. Hay quien todavía le recuerda del accidente en la calle Carretas en el que salvó la vida a una mujer en un incendio y casi le cuesta la vida. Un episodio que pasamos por alto, pero que nos hace ver la valentía de Manuel Zarzo, que con arrojo empezó una auténtica carrera de cine, que hoy le será merecidamente reconocida.









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