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29/03/2010 - Ngs Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Menores fingiendo ser sordomudas
Fingen ser sordomudas para timar a los viandantes
Denuncian a estas menores que fingen ser sordomudas

 

Discapacitados auditivos han denunciado la presencia de grupos de adolescentes, en su mayoría gitanas rumanos, que, haciéndose pasar por sordomudas, piden datos personales y donativos para una organización de ayuda que no existe.
 
Este tipo de timo se puso en marcha en Madrid y otras provincias hace tres años, pero, tras varios meses sin su presencia, ahora se ha vuelto a intensificar en varias zonas. Así, en la capital se suelen concentrar en grupos de dos o tres chicas en zonas muy turísticas como el Paseo del Prado, el Retiro o las inmediaciones del estadio Santiago Bernabéu. Normalmente, sus víctimas suelen ser los turistas y personas mayores.
 
La forma de operar de estos jóvenes consiste en abordar a los ciudadanos que llenan las céntricas calles de Madrid. A través de gestos, hacen ver que son sordomudas. Portan una carpeta con una hoja con el logotipo de alguna asociación benéfica en la que supuestamente están recogiendo firmas para la construcción de un centro nacional-internacional para discapacitados sordomudos y niños pobres, según reza la documentación que enseñan a sus víctimas. Asimismo, además de la firma solicitan una contraprestación de 20 euros para ese falso proyecto.
En otras ocasiones, el 'modus operandi' de las pequeñas delincuentes consiste no sólo en pedir, sino en robar. Así, eligen a personas mayores que estén operando en cajeros automáticos y las acechan mientras sacan dinero. Justo en el momento en que salen los billetes, la mayor de las niñas pone delante de la cara de la víctima la carpeta haciéndole muecas y gestos para que firme. El tiempo es el suficiente para que la persona en cuestión pierda de vista el cajero durante un segundo, lo que le impedirá reaccionar antes de que otra de las menores eche mano al dinero y salga a la carrera apoyada por la tercera de las menores.

La treta tiene una segunda vertiente, que consiste en rodear a la víctima y distraerla pidiéndole dinero para la inexistente asociación. Si la víctima saca el monedero es fácil que se lo quiten de las manos, si no, es posible que las menores le 'limpien' el bolso con habilidad de carterista.

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