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24/01/2011 - Sara Morales Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Recordando a Tierno Galván
El alcalde presenta, en la Galería de Cristal del Ayuntamiento, las Obras Completas del Viejo Profesor y declara la memoria de Tierno Galván “patrimonio de todo Madrid”.

"Por encima de ideologías, siglas y otras caracterizaciones menores, la memoria de Enrique Tierno Galván es patrimonio de todo Madrid, la ciudad a la que amó y sirvió". Con estas palabras iniciaba el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, la presentación de las Obras Completas de Enrique Tierno Galván, que coincide con el 25 aniversario de su muerte. Al acto han asistido, entre otras personalidades, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono; el ministro de de Educación, Ángel Gabilondo; miembros de la Corporación Municipal, y familiares y discípulos de Enrique Tierno Galván.

Las lecciones del Viejo Profesor
Gallardón ha señalado que la forma de corresponder a Tierno Galván consiste en profundizar en la pasión intelectual que le animó a lo largo de su vida con la misma limpieza de criterio que él supo acreditar. En el caso del Ayuntamiento de Madrid esa sinceridad en el recuerdo ha consistido en respaldar y financiar la edición de estas Obras Completas mediante un convenio con la Universidad Autónoma de Madrid, que se ha ido ampliando conforme lo ha requerido la complejidad de los trabajos, dirigidos por el profesor Rovira, para recopilar toda la obra de quien fue catedrático de Derecho Político en esta Universidad.

Los cinco tomos publicados más dos de próxima aparición -uno de ellos, con estudios y evocaciones de la figura de Tierno, además de otro en preparación con los escritos de los últimos años-, restituyen el legado de un pensador "demasiado ambicioso para contentarse con una única disciplina, y que desplegó un vasto repertorio de intereses que van de la teoría política a la historia, la filosofía, la literatura y, como síntoma tal vez del talante pragmático que demostró en su etapa final, la sociología", reseñó Gallardón."No exageramos, en fin, si le consideramos un humanista, esa rara avis anterior al especialismo que por eso mismo brilla más en los tiempos de éste".
Añadió el actual alcalde de Madrid que aquellos que se acerquen a estas Obras esperando una reivindicación radical del pensamiento marxista al uso, "eso que dio en llamarse la Vulgata, se llevarán una sorpresa".

"Tierno -advirtió- estuvo muy por encima de simplificaciones, y su exigencia interior le llevaba a coincidir, por ejemplo, con la tesis orteguiana que ve en la ausencia de minorías rectoras la causa de nuestros problemas históricos. Asumiendo una valiente soledad, se quejaba de que en tiempos convulsos ‘los propios intelectuales sufren el cansancio del sentido común y para hacerlo valioso recurren a una clase de demagogia sumamente peligrosa que consiste en hacer razonable la violencia', quizá temiendo la revolución tanto como buscaba la reforma".

Cualidad misteriosa
Gallardón confesó que a veces se pregunta cómo se desenvolvería el Viejo Profesor en la era de la mercadotecnia política, "en la que se nos pide a los responsables públicos que despachemos la complejidad de los problemas con una historia maniquea, y se nos advierte que no excedamos de los 140 caracteres en nuestras declaraciones electrónicas. ¿Qué hubiera hecho en este ambiente el intelectual que se arrancaba a hablar en latín si la ocasión lo requería, que promulgaba bandos en un lenguaje jocosamente arcaizante, y que no renunciaba a la cultura tradicional, libresca, que fue forjando en su larga relación con Spinoza, Hobbes, Montesquieu o Wittgenstein?"

"Pues creo que no hubiera modificado gran cosa su actitud", apuntó. "Hubiera seguido apegado al rigor y la reflexión, porque sabía que la cultura es ante todo una ayuda para la vida, y que la solidez que procura cimentar el buen juicio que los ciudadanos saben luego intuir cuando perciben esa cualidad misteriosa que sólo algunos irradian y que Durkheim llamó carisma". Su inteligencia creadora y el pensamiento desarrollado durante toda una vida, "nos inspiraba a aquellos que le tratamos y le quisimos un respeto escasamente reverencial".

"Porque el otro componente de ese carisma suyo -concluyó- fue la cercanía, la naturalidad, el sentido del humor que acorta las distancias y mide a las cosas y a las personas según su talla verdadera. Por eso sabemos hoy que la suya fue muy grande, y tratamos de estar a su altura mediante nuestro reconocimiento y gratitud."

 









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