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15/09/2008 - Marta González Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Dos pares de zapatillas, unas de mujer y otras de hombre, colgadas a la salida del metro de Artilleros.
El fenómeno Shoefiti llega a las calles del distrito entre la polémica y la admiración
Droga, bandas callejeras, celebraciones, lutos..., estos son algunos de los signifcados de esta nueva forma de expresión que tiene su origen en los EE.UU.

 

Como si de una plaga se tratara, el fenómeno denominado Shoefiti se está propagando de forma vertiginosa por toda la ciudad. Tanto es así que esa especie de arte de colgar un par de zapatillas sobre cables de la luz se ha convertido en un fenómeno que ya está presente en el distrito. A medio camino entre la leyenda y la tendencia urbana, mientras unos lo consideran una forma más de arte, otros piensan que se trata de una simple gamberrada. Este fenómeno, que tiene réplicas en Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, México, Ecuador, Italia o Irlanda, nació en las zonas urbanas de Estados Unidos y Canadá. En un principio se decía que esta práctica fue creada para señalizar los lugares en los que se vendía droga -incluso en algunos foros se concreta que la posición y el número de pares de zapatillas marcan el tipo de sustancia que se vende-, o para recordar a los jóvenes pertenecientes a bandas latinas que habían sido asesinados en alguna refriega. Pero a medida que pasa el tiempo son más las explicaciones que se dan a este fenómeno. Hay quien piensa que el lanzar zapatos o zapatillas a los cables de la luz o del teléfono tiene que ver con la celebración del fin de curso escolar, con un anuncio de  boda o simplemente con el hecho de querer dejar una huella personal en la ciudad.  

¿Arte o gamberrada?
Aunque algunos lo consideran  una forma de hacer algo diferente, incluso lo llaman arte callejero, otros creen que es una forma de emborronar la estética de las calles. Estas son las principales impresiones que se viven en la calle Corregidor Juan de Bobadilla. Justo a la salida del metro de Artilleros, en uno de los cables de la luz, hay colgados dos pares de zapatillas, unas de hombre y otras de mujer. “Al principio nos llamó la atención y empezamos a oír toda clase de versiones: droga, bandas...”, explica uno de los vecinos de la zona. “La verdad es que nos ha hecho que estemos un poco alerta”, continúa. “A mí me parece simplemente una gamberrada. Una forma de hacerse notar, de llamar la atención”, comenta otro vecino. Pero quizá la explicación más conmovedora sea la que hace referencia a la película Big Fish. Este largometraje refleja la historia de un padre que cuenta a su hijo sus vivencias infantiles en un pueblo muy especial. Allí, a cada habitante nuevo que llega le cuelgan sus zapatos en los cables eléctricos para que nunca abandone el pueblo. Señal o metáfora que también podría aplicarse a Moratalaz. Un distrito en el que abunda la gente mayor y en el que colgar zapatillas en cables podría avisarnos del deseo de mantener a los jóvenes aquí para dar más vida y alegría a una de las zonas de Madrid con más historia a sus espaldas.

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