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16/10/2007 - Marta González Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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“El inicio de un viaje que te abre los ojos al mundo real”
“Había veces que los niños nos regalaban sus juguetes hechos de latas a cambio de que les diéramos comida y jugásemos con ellos”

“Tener de todo no es lo que da la felicidad”. Puede que suene a frase hecha, pero es la conclusión a la que han llegado los cien jóvenes que han participado durante casi un mes en el proyecto Madrid Rumbo al Sur. Elena Bautista es una de las chicas que ha formado parte de esta iniciativa solidaria de la Comunidad de Madrid. “Me enteré por una amiga y pensé: ¡No puede ser verdad! ¡Lo que estaba buscando! Después de hacer las pruebas físicas y psicológicas me cogieron y fui una de las 100 personas seleccionadas”, empieza relatando Elena.

De ruta por Mozambique
Este año el viaje se realizó por Mozambique. Allí, estos jóvenes de   entre 16 y 17 años han visitado las ciudades donde la Comunidad de Madrid está ayudando a mejorar las condiciones de vida. “Este viaje me ha hecho abrir los ojos a una realidad a la que algunos no quieren mirar. Me ha sorprendido lo optimista que es allí la gente. A pesar de las condiciones en las que viven, te hacen ver la vida de otra forma, están siempre sonriéndote. Saben que eso es lo que les ha tocado vivir y se conforman y son felices”. Al regresar de nuevo a su casa, Elena reconoce: “Valoras mucho más las pequeñas cosas y te das cuenta de que gastamos mucho en cosas que no sirven para nada, tenemos de todo y siempre estamos pensando en lo que aún no tenemos”.

Mil y una historias
En cuanto a anécdotas o costumbres que han aprendido en el viaje, Elena asegura que trae la maleta llena de ellas. “Allí hay cosas muy curiosas. Por ejemplo, el tema de la religión allí se trata de forma diferente. Lo ven como una esperanza”. También admite que hay situaciones muy duras y que más de una vez se le han saltado las lágrimas: “Hubo un ñino con el que yo pasaba muchas horas que tenía SIDA y me decía que no se quería ir de allí nunca. Otro día fuimos a otro de los poblados y unos niños me regalaron sus dos juguetes hechos de chapa para cambiarlos por comida”. Pintar un anfiteatro o acondicionar diferentes zonas de los poblados son algunas de las actividades que estos jóvenes han realizado en el mes que han estado allí. Pero además de eso ellos también reconocen que los niños, que han sido las personas que más han tratado, también les han enseñado muchas cosas. “En uno de los colegios donde estuvimos, que estaba en Namaacha, los niños nos enseñaron a hacer coches, autobuses y camiones con latas”, cuenta Elena.

Otra de las cosas que llamó la atención de los jóvenes fue el exagerado tiempo que se tarda en recorrer pequeñas distancias. “Hicimos un viaje en barco y tardamos nueve horas en recorrer 10 kilómetros. Fuimos en una especie de barca con velas y al final tuvieron que venir a recogernos y los marineros estaban tan tranquilos, porque esa es su filosofía de vida”.

Participar en Madrid Rumbo al Sur ha sido “mucho más que un viaje”. La experiencia, afirma, “me ha hecho ver la realidad con otros ojos y reflexionar más ante muchas de las cosas que hasta ahora hacíamos sin pararnos a pensar nada”.

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