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30/09/2008 - Sara Morales Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Imagen del escenario principal sobre las 20.00 horas.
Siniestro Total demostraron que los años no pasan para ellos.
El Metrorock 2008 aprueba en septiembre por los pelos
Andrés Calamaro y Melendi fueron los cabeza de cartel de la última edición de este histórico festival madrileño que consiguió reunir a más de 15.000 personas. Sin embargo, a pesar de la gran acogida por parte de los jóvenes, algunos aspectos dejaron bastante que desear.

Lo cierto es que ha sido el Metrorock que más público ha acogido en toda su historia; un total de 15.000 personas según fuentes oficiales, todo un éxito. También es verdad que el lugar escogido, quizás haya sido el mejor de todos: el campo de rugby de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Un amplio espacio verde que ha ofrecido la posibilidad de montar dos grandes escenarios, completamente diferenciados, con una gran capacidad para el público. Además las inmediaciones del festival, este año han sido los jardines de la Universidad, lo que ha favorecido en gran medida a los grupos de jóvenes que allí se reunían. 

El sábado 20 de septiembre, fecha escogida para esta edición, también ha sido más acertada que otros años. Una buena manera de cerrar el verano con los exámenes de septiembre ya superados. 

Si todo esto le daba al Metrorock 2008 un notable de media, ha habido ciertos aspectos que le han hecho bajar la nota. Este año la organización apostó por el flamenco, la fusión y la rumba, consiguiendo así un elevado número de asistentes. Sin embargo, el horario de las actuaciones condicionó en gran medida el estado de ánimo del festival. Siniestro Total y Melendi animaron el escenario principal a última hora de la tarde, preparando al público para adentrarlo en la noche de Calamaro y Los Delinqüentes. Pero Andrés, aunque encantó a sus incondicionales, lo cierto es que tranquilizó el ambiente, sosegó los nervios e hizo bostezar algunas bocas con sus tangos, algo poco favorable a esas horas de la noche. Al otro lado del recinto, la electrónica hacía vibrar su parcela de césped. Dorian fue un buen preliminar de ese escenario secundario dedicado a música independiente, con un cartel menos conocido, pero quizás más animado y  fiel a sí mismo y a sus seguidores.

Este año además, el protagonismo también lo han acaparado las largas colas que había que esperar tanto para acceder a los baños, como para la venta de comida y bebida. Hecho que ha incomodado bastante a los miles de asistentes novatos, y sorprendido negativamente a los fieles del Metrorock.

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