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29/05/2016 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Prodigy
En el Mad Cool Festival, el 17 de junio de 2016

Smack my bitch up!!! entra como un café doble. Hace años que no escuchaba el tercer disco de los ingleses Prodigy, uno de los padres del asunto aunque el asunto no sea fácil de definir. Le pregunto a Pepe, the midnight man, un tipo que una vez montó un pub que se llamaba McNamara y apareció Fabio como trasplantado directamente desde alguna esquina de la movida.Me cuenta que los vio por primera vez en el 97, año del disco que atruena a mi derecha, ahora con Breathe y su fraseado vocal muy de Johnhy Rotten.  No me extraña que sean tan difíciles de encuadrar, algo del todo positivo, sin duda. Que algo electrónico suene orgánico es un mérito en el mundo de las compresiones en el que vivimos. Pero volvamos con Pepe, que pronto deja de tratarme de explicar de qué paño van estos tipos y de toda la explosión Rave de Reino Unido para pasar a las sensaciones de tener en el escenario a un grupo de auténticos psicópatas, hipnóticos, energéticos y certeros como una pedrada en el justo medio de la frente.Paso por Diesel power, que entra con un aire rapeado y termina en... otra cosa. 

El concepto de secuencias de Prodigy tiene esa espesura de riff hard rock de alto octanaje que se puede palpar, meter en la boca y masticar. Si añadimos los logros melódicos que de repente surgen de la nada nos damos cuenta de que nos encontramos ante un grupo que es piedra angular de la conexión entre roqueros y electrónicos de pelajes varios.Llega Funky shit y casi continúo escribiendo el artículo de pie. Hímnico. Y pensar que la única música electrónica que durante años me interesó fue la tan analógica de Stockhausen, el compositor sin paliativos de la segunda mitad del siglo XX, aún no del todo comprendido. Serial thrilla nos da algo de tregua y con Mindfields nos trasladan a sonidos ochenteros con bailones callejeros vestidos de fluorescente en el trance lento y casi místico de las calles. Narayan tiene ese punto que podría gustar hasta al más popero, hasta que entra en mantra obsesivo. Firestarter sorprende con ese sonido de órgano retro y recupera, en parte, esa urgencia punkarra con aires de chicos del coro tratándose de portar medianamente bien. Definitivamente creo que los Prodigy van a calmar mis contracturas como el mejor parche de morfina. Así sea.









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