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02/12/2009 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Vamos a ser políticamente incorrectos: nunca pensé que titularía un artículo así, y mucho menos sin referirme a una mujer. Defender el mar es como defender un pajar al que alguien va tirando cerillas encendidas desde arriba. Instintivamente el primer impulso es lanzarse a por ellas para apagarlas, pero de poco sirve si el pirómano en cuestión sigue con la caja de fósforos en la mano a plena actividad. El segundo impulso es darle lo que pide para que lo deje de hacer, ¡y funciona!, aunque el efecto espejo corre como la pólvora. El primer pirómano sin vocación se retira con el bolsillo lleno mientras le sustituyen cinco.

Piratería en progresión geométrica. El chantaje siempre aprieta la soga y como un parche se montó la Operación Atalanta pretendiéndose intimidatoria. El fallo es que falta empatía. Lo vemos todo desde nuestra óptica: a nosotros nos intimidaría, tenemos cosas que perder, pero no los piratas. Nada tienen, ni presente. Respiran, sólo respiran. Y por ello seguirán intentándolo: nada que perder y un futuro que ganar, que ganarle a los blanquitos que para lo suyo resulta que tienen escrúpulos.

España ha cometido el error de traerse a dos de los piratas sin valorar las consecuencias. Una vez los coges es difícil que de manera legal y conforme a Derecho se les pueda soltar. Se pretendía una baza a favor en la negociación y ha resultado todo lo contrario. Lo repito, ellos no tienen nada que perder pues nacen con todo ya perdido y son conscientes de ello.

La anterior vez se pagó rescate, aunque no se quiera decir oficialmente. Secreto a voces. Y ahora que eso no es suficiente, hay que hacer ingeniería con el Derecho internacional y retorcer la legalidad para dejar libres a los dos piratas sin dinamitar una de las bases de la Democracia. Pueril ha sido el primer intento para ver si el hueso de la muñeca dice si uno de los elementos en cuestión tiene diecisiete o dieciocho años; en definitiva, que si la muñeca le da la libertad o lo mete en un trullo que para él será camarote de lujo.

Un matiz: El Alakrana se salió de la zona de seguridad por propia decisión. Ni siquiera un seguro por riesgo de secuestro de barco -si existiera- lo cubriría por ser achacable el hecho acaecido a una irresponsabilidad manifiesta del asegurado. "Qué vengan ya", dicen los familiares de los marineros, y es lo que diría cualquiera con alguien en esa situación. No nos equivoquemos. Pero lo que se le ha pedido al Gobierno ha excedido lo que le corresponde: que se paguara el rescate solicitado sin rechistar y que se dejara libre sin juicio a dos personas cuando las pruebas ponen de manifiesto su presunta culpabilidad.

Otro matiz: Los abogados de Londres que "representan" a los piratas no han defendido los derechos de estos, pues la piratería no es un derecho, y tampoco les han servido como garantes legales de la defensa correcta de los mismos en un proceso penal, pues no están detenidos y por lo tanto formalmente acusados a espera de juicio. Todo lo anterior los convierte en cómplices necesarios de un delito, como mínimo, de secuestro y chantaje.

Acciones: Nunca ceder al chantaje. ¡Llámenme cabrón! Bloquear los puertos de origen e ir a por los cómplices de toga y corbata.

http://barboletta.blogspot.es
 

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