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05/02/2007 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Alcorcón en llamas
Pablo Sagastibelza

Debo admitir que no he tenido muchas ganas de acercarme por Alcorcón en los días de las batallas campales entre jóvenes latinoamericanos y españoles. Mucho menos, cuando la prensa informaba de que las existencias de bates de béisbol de la ciudad estaban bajo mínimos por una "inesperada" y fuerte demanda. Pensé que el éxito de los fabricantes de estos instrumentos deportivos no se debía a un furor desmedido por una nueva moda yankee importada a nuestro país. Además, las fotos de los diarios mostraban una presencia policial más que respetable. No era lugar para darse una vuelta.

Los políticos se han dedicado con más o menos fortuna a intentar explicar los sucedido y su origen. Escuchaba una afirmación rotunda: la clave de lo que ocurre en Alcorcón es la violencia. Desde luego, para decir semejante cosa no hacen falta estudios superiores, y más nos vale que alguien piense en profundidad en los porqués de los enfrentamientos.

Mucho me temo que la presencia de las fuerzas de seguridad patrullando por las calles sólo sirva de parche momentáneo para aliviar los humos encrespados de varios cientos de jóvenes. Tendríamos que preguntarnos más bien cuál es la educación en valores que han recibido los muchachos, tanto unos como otros, en sus familias y en el instituto. Lo más probable es que este tipo de altercados, además de la posible mala integración de algunos inmigrantes, se deba a que brilla por su ausencia la capacidad de pensar y reflexionar. Desde siempre, las medidas policiales son de urgencia, para evitar males mayores, pero no son la solución de fondo. El problema de Alcorcón es mucho más que un problema de violencia.

Nuestros políticos, locales, regionales y nacionales, deberían tomarse más en serio estas cosas, y estudiar el modo de atajarlas en su raíz. Sugiero que se sienten unos y otros en una mesa de trabajo y empiecen a hacer lo propio. Sé que estamos en periodo preelectoral, pero esto no es excusa para que se tiren los trastos a la cabeza, a veces con una superficialidad que asusta, y digan perogrulladas dignas de un niño que todavía no ha acabado la educación infantil.

Hay que plantearse qué se les enseña en las escuelas, a fondo. Hay que plantearse qué modelo de familia queremos transmitirles, si es que pensamos que ahí se aprende lo fundamental para enfrentarse a la vida, y donde uno incorpora las primeras nociones de respeto al otro por lo que es, y no por lo que tiene. Hay que pensar cómo se acoge al inmigrante, no sólo para que nos solucione los problemas de empleo, sino para integrarle en nuestra cultura y valores (si es que existen) y formarle cívicamente. Hay que pensar qué buscamos cuando se aplaude la "movida" y el botellón, o se promueve el sexo fácil.

Son problemas complejos, pero elegimos a los políticos para que los aborden lo mejor que puedan, con dedicación, empeño, honradez y altura. No queremos que sólo apliquen sus neuronas para conseguir un despliegue correcto de la Policía Nacional, que alivie el terror de los vecinos de nuestros pueblos y ciudades, o para gestionar la mejora de las infraestructuras. Esto puede ser mucho, pero se me antoja poco frente a los graves problemas que pueden surgir si no se piensa en ellos de verdad.

Alcorcón en llamas es un aviso a navegantes. El origen no está únicamente en unas niñas que discuten, y sus amigotes que se lían a batazos. Eso puede ser la gota que colma el vaso, pero no el problema. Para secar la gota está la policía, pero para prevenir el incendio están los políticos. Es muy lamentable que algunos de ellos afirmen sin ruborizarse que los de enfrente atizan la hoguera para ganar votos, o que la prensa magnifica lo sucedido. Pura demagogia, retórica vacía, demasiado frecuente en nuestros políticos. ¿Serán capaces de cortar la verborrea y ponerse a trabajar en serio? Esperemos que sí. Pienso que capacidad tienen -al menos unos cuantos-, y nuestro apoyo también.
 

 

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