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02/07/2008 - Pablo de Santiago Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Iker Casillas levanta la copa con la que soñaba España.
Anoche tuve un sueño
Pablo de Santiago

Anoche tuve un sueño. Soñé que la selección española de fútbol ganaba la Eurocopa. Soñé que le metíamos cuatro goles a Rusia en el primer partido. Soñé que en el tercer encuentro de la eliminatoria ya estábamos clasificados como primeros de grupo y que ganábamos al actual campeón de Europa con el equipo suplente después de remontar un gol. Anoche soñé que nos enfrentábamos a Italia en cuartos. Lo soñé y no fue una pesadilla. Los transalpinos no pudieron esta vez con la furia española. Soñé que el partido iba empate a cero y que los italianos “pedían la hora” y anhelaban los penaltis. Soñé que Casillas volaba materialmente para despejar el disparo del italiano más chuleta. Estuve a punto de despertarme cuando Güiza falló su penalti, pero rápidamente cogí de nuevo el sueño, un sueño profundo, cuando Iker paraba la siguiente pena máxima y Cesc mandaba al sur a los italianos, a tomar pizza. No podía dejar de dormir, el sueño era totalmente reparador, suave y hondo, un bálsamo para toda una vida deportiva de desdichas. Anoche soñé que jugábamos las semifinales de la Eurocopa y nos veíamos de nuevo las caras con Rusia, temible equipo resucitado. Y el sueño fue una maravilla. Soñé que jugábamos como los ángeles, que les metíamos uno, dos, tres goles fabulosos, de pizarra. Soñé que tocábamos la bola de forma inaudita, sin esfuerzo, que jugábamos como Brasil en sus mejores tiempos. Y anoche soñé que jugábamos la final contra Alemania. Fue un sueño maravilloso. Mi rostro estuvo siempre relajado, incluso se me caía un hilillo de baba por la comisura de los labios mientras mi cerebro en fase REM ilustraba en mi imaginario el golazo de Torres. Soñé que pudimos meter muchos más goles. Soñé que Ballack se desesperaba y no rascaba bola en otra final más. Y soñé que el equipo alemán no podía con su alma y arrastraba los pies en los últimos minutos. Soñé que éramos el equipo más goleador de la Eurocopa y el que menos goles había recibido. Soñé que el pichichi era Villa, y soñé que en el equipo ideal de la UEFA había nueve españoles y que Xavi era designado mejor jugador del campeonato. Y seguía soñando… En mi sueño un país entero se lanzaba a la calle, unido por primera vez en mucho tiempo por una causa común. Soñé que una marea roja tomaba Madrid y que todos éramos felices. Soñé que un futbolista catalán gritaba a voz en cuello ¡Viva España! Y que toda la prensa internacional se rendía al estilo de juego de la selección. Y entonces me desperté.

Cuando he abierto los ojos esta mañana era el hombre más feliz del mundo y he pensado que ojalá tenga otro sueño esta noche. Ojalá sueñe que ganemos el Mundial de Sudáfrica 2010, ojalá sueñe con un país unido que haya olvidado de una vez por todas el coñazo de la guerra civil, ojalá sueñe con una España sin terrorismo, y con un país sin 90.000 abortos anuales. Quiero soñar que mis impuestos no paguen un ridículo Ministerio de Igualdad, y soñar con un presidente del gobierno que cumple con sus obligaciones internacionales aunque esté cansado y con una justicia que mande a la cárcel a los ladrones. Ojalá sueñe con un país donde los padres decidan qué estudian sus hijos y donde uno no parezca un bicho raro si vive en una familia unida. Ojalá sueñe… De vez en cuando, vuelvo a la realidad y me digo a mí mismo, con vergüenza, muy serio, que soñar es de ilusos, de románticos ingenuos e irracionales; ah, pero es entonces cuando veo a Casillas levantar la Copa de Europa de selecciones y me repito en voz alta que yo sé que los sueños se hacen realidad.
 

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