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04/09/2008 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Pablo Sagastibelza

El medio de comunicación más seguido en nuestro país para temas deportivos, MARCA, publicó una excelente guía de los Juegos Olímpicos de Pekín. En ella, Luciano Barra, experto en este tipo de eventos, auguraba con “métodos científicos” dieciocho medallas para España (cinco oros, seis platas y siete bronces). Afirmaba el gurú que alguna medalla que no saliera se podía compensar con otra inesperada, y que más bien con esos cálculos se refería a tendencias en los procesos deportivos (creo que guardándose las espaldas por si luego las cosa derivaba por otros derroteros) más que a exactitudes infalibles. Por otra parte, después de los Juegos, ha habido algunas declaraciones más o menos coincidentes en que el papel de nuestros deportistas fue algo así como “bien, pero…”, y que tenemos pendiente dar un salto cualitativo y cuantitativo.

Luciano acertó en las dieciocho medallas totales (quizá sea no poco acierto), pero no en su distribución y mucho menos en los deportes concretos en los que se consiguieron. Quince de las dieciocho que había predicho se alcanzaron en disciplinas distintas a las previstas, o no eran del metal profetizado (80% de desviación). También cuadró el número de diplomas totales para España (treinta y seis), pero con un 50% aproximado de fallos cuando se comparan disciplinas previstas con las reales. El margen de error creo que es demasiado amplio para un experto que se dedica a ello en cuerpo y alma, es decir, cobrando (y supongo que muy bien). Sobre todo si tenemos en cuenta que, basándose en esas predicciones, se reparten subvenciones y recursos a las distintas federaciones. Con semejante desviación es difícil saber qué se debe hacer de cara a Londres 2012.

El Sr. Parra también afirmó que Estados Unidos superaría con creces a China en el medallero, cuando es evidente que no ha sido así. En lo que a oros se refiere, los cincuenta y uno de los chinos están muy por encima de los treinta y seis norteamericanos, y el cómputo global es casi parejo, cien por ciento diez, respectivamente.

Pienso que en esto de las medallas España se encuentra por debajo de donde debería estar. Y vaya por delante mi enhorabuena a todos los que han vuelto con el éxito al cuello o con mención especial. Desde luego, nos hicieron disfrutar con momentos inolvidables, bien fuera con el baloncesto, ciclismo, vela, piragüismo o con el tenis. Se agradece el esfuerzo de todos por llegar a lo más alto (y aquí debo recordar de manera particular a la gran atleta Marta Domínguez), aunque en algunos casos fuera palmario el déficit en capacidad de competir.

Con todos los respetos, no podemos conformarnos con estar situados a la altura del ranking junto a Kenia, Ucrania o Jamaica, por poner tres ejemplos de vecinos cercanos en la calidad de las preseas, con un desarrollo social y técnico claramente inferior a España. Más bien nuestra referencia debería ser el Reino Unido (cuarenta y siete medallas), Alemania (cuarenta y una), Francia (cuarenta) o Italia (veintiocho). A partir de las Olimpiadas de Barcelona ‘92, hace 16 años ya, en donde nuestros deportistas se llevaron veintidos trofeos en forma de metal, debimos empezar a crecer claramente, y no ha sido así. Incluso hemos conseguido una medalla menos que en Atenas ‘04, y quince diplomas menos. No es poco. Los fracasos en atletismo, judo y natación son clamorosos, exceptuando la sincronizada.

Me parece evidente que los responsables deportivos deben reflexionar, y tomar las medidas necesarias para que estemos en el lugar que nos corresponde. Y no es consuelo decir que cosechamos muchos cuartos o quintos puestos, ya que otros bien pueden decir lo mismo y, además, eso le quita mérito a las medallas no previstas, que valen tanto como las demás.
 

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