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05/12/2012 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Banqueros, políticos y sopa de ajo

Desahucios. Se amparan los banqueros en la tercera de la RAE: “Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal” pasando de puntillas por la primera: “Quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea”. La clave en la tercera acepción es la legalidad, sin embargo en la primera es la esperanza. Arrebatada ésta, ¿nos sorprenden los suicidios? Empieza a ser habitual el pasar de la clase media a la pura indigencia sin un mínimo período de adaptación; casi basta con perder el trabajo y despistarse un poco, dado lo chungo que resulta encontrar uno nuevo. El eufemístico “sin  techo” ha resultado exacto.
La supervivencia obliga a tirar de la familia, de la pensión del abuelo, y del parcheo, mal trabajando en negro si eres manitas o espabilado, culebreando en casa entre la sopa de ajo –la magdalena de Cuartango- y los recibos del gas que se disparan, aunque los niños se pongan los abrigos en casa.

España está de baratillo. Menos mal que tenemos iluminados que han dado con la solución: construir a saco más casas para que la peña tenga un sitio desde el que tirarse al vacío. No puedo decir otra cosa: ¡Menuda gentuza! ¿Quién nos rescata de los bancos y de toda la panda que desde allí nos vampiriza? ¿Y de los políticos?

Las llamadas derivas nacionalistas –tan de moda, por lo sentimental del asunto, en épocas de crisis- están siendo de gran utilidad para los políticos de todo pelaje, al igual que las derivas de la Familia Real. Añagazas y morbo, respectivamente, para despistar al personal. Mas, por ejemplo, es contrario a lo toros, pero usa la senyera de capote para esconder bajo verónicas el gran agujero negro de la deuda catalana y ¡ay! todo ese trapicheo que ha destapado El Mundo, ese menudeo a lo grande en el que unas familias de lo más rancio se llevan el cero con algo por guapos y se lo guardan en Suiza o en Liechtenstein.

Quien tiene vivo aún algún familiar que pasó la Guerra Civil le dirá que aquello fue peor. Sin duda. Quien estaba en el bando republicano y se comió la letanía franquista pues qué decir... Estaba hecha la gente de otra madera. Ahora somos blanditos, estamos sumidos en la tara del consumismo y de lo fácil. Nos derrumbamos a la primera leche. Nos creemos principitos y no llegamos ni a urdangarines. Así nos va...

barboletta2004@yahoo.es









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