inicio
 Líder en Prensa local de Madrid |  Sábado, 19 de agosto de 2017
Recordarme   Entrar
    Lo olvidé   |   Registrarse
11/12/2012 - David Ortega Preparar para imprimir   Bookmark and Share
Votar:  
Resultado: 0,1 puntos0,1 puntos0,1 puntos0,1 puntos0,1 puntos   8 votos
Cataluña desde Madrid

Han pasado ya algunas semanas desde las elecciones catalanas y poco a poco va quedando más claro la complejidad de la situación surgida de las urnas, tanto para el que tiene la responsabilidad de gestionarla (Artur Mas y CIU) como para el encaje de Cataluña en el conjunto de España. En principio, el líder nacionalista parece apostar con pactar con ERC, lo que no haría sino tensar aún más la situación. Parece ser que no ha entendido nada.

El pasado 25 de noviembre los catalanes dieron la victoria electoral a CiU, pero la redoblada apuesta de Mas por la autodeterminación, englobada en una comunicación electoral de corte mesiánico, recibió un batacazo en las urnas: pasó de 62 escaños a 50. Parece que muchos electores nacionalistas optaron por el independentismo original (ERC, que alcanzó la segunda posición en escaños tras un gran crecimiento) frente al independentismo sobrevenido del presidente de la Generalitat, cuyo entusiasmo por la autodeterminación le llevó a adelantar el final de la legislatura nada más y nada menos que dos años.

¿Significan estos resultados que Cataluña optó de manera uniforme por el nacionalismo? Ni mucho menos. El número de escaños de las formaciones partidarias, de forma más o menos clara, del Estado propio disminuyó de 76 a 74, el PSC logró más votos (aunque menos escaños) que ERC, el PP ganó un escaño pesar de su desgaste por la crisis y su mala gestión en el Gobierno de España y, sobre todo, Ciutadans triplicó su número de representantes en el Parlament, de 3 a 9. UPyD, por su parte, creció un 168% en número de votos respecto a las anteriores autonómicas, pero, hay que decirlo, quedó lejos de entrar en el Parlamento catalán.

Frente a este panorama complejo, ¿cuál ha sido la reacción de Mas? La habitual en el nacionalismo: optar por la irracionalidad. En vez de entender el mensaje y tratar de recuperar el centro del escenario político catalán, el presidente de la Generalitat se ha envuelto, aún más, en la senyera. Redobla la apuesta: su referéndum se hará, sorteando las leyes si hace falta. Vemos así una vez más como el nacionalismo se convierte en causa justificadora de cualquier medio para conseguir el fin: la independencia. Así, se dejan de lado el valor esencial de cualquier democracia moderna: el respeto a las leyes.

Visto desde Cataluña, Euskadi e incluso Galicia, no faltará quién, al leer esto, se agarre al manido Desde Madrid no se entiende. En realidad es todo mucho más sencillo: los nacionalismos no pueden estar por encima de las leyes, una premisa válida en Madrid, Barcelona y Sebastopol. Mucho cuidado con despreciar e ignorar el Estado de Derecho: nos damos leyes para no darnos tiranos.









Enviar
Normas de uso
- Esta es la opinión de los usuarios, no de El Distrito.

- Los comentarios contrarios a las leyes españolas, injuriantes o difamatorios serán eliminados, así como aquellos que consideremos que estén fuera del tema o contengan publicidad.

- "Aviso al moderador". Si considera que algún comentario incumple la normativa, le agradecemos nos lo comunique por esta opción para nuestra valoración.
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic