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15/11/2012 - Luis Miguel Boto Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Cataluña en la encrucijada

Una vez un loco publicó que la denominación de la tarjeta VISA escondía el número de la bestia: 666: VI era el 6 romano, S la letra griega cuyo equivalente era el 6 y a la letra babilónica cuyo valor era el 6. Está claro que de todo hay en la viña del señor, pero este caballero aparte de perder el tiempo, no hizo mal a nadie.

Sin embargo, hay otros que con el objetivo de ocultar su incompetencia intentan distraer a los demás cual trilero preguntando ¿dónde está la bolita?

El odio es un gran negocio. Cuando logras unir a un grupo de personas bajo la bandera del odio son manejables con facilidad y eso es lo que ha conseguido Artur Mas. Eso, y que nadie hable en campaña electoral de sus recortes en Educación, Sanidad, Justicia y demás hechuras del Estado de bienestar.

La única diferencia entre los adultos y los niños es el precio de los juguetes y al Presidente de la Generalitat su juguete nos puede costar a todos, pero especialmente a los catalanes, muy, muy caro. El señor Mas piensa que Cataluña con la independencia va a transformarse en la Islandia de los años 90. Incluso asegura que con la independencia bajarán los accidentes de tráfico. Vamos, el Luxemburgo del sur.

En época de crisis hay que decir la verdad sin tapujos. La elegancia se la dejo al sastre y ahora lo que hay que decir es que Cataluña se suicidaría social, cultural y económicamente si se independizara de España. Como decía Kafka, en tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo. Pues Artur Mas, justo al revés. Y eso solo para distraer la atención de su inequívoca malísima gestión al frente de la Generalitat. Pues mucho cuidado no vaya a ocurrir como a Islandia. Unas personas que viajaron allí en los años noventa contaron que en la guía turística había un capítulo de frases útiles como en todas. En lo que se diferenciaba es que también había uno de frases inútiles. Al parecer había tres cuya traducción sería la siguiente: ¿Dónde está la estación de trenes?; hoy hace buen día y ¿hay algo más barato?. Por sorprendente que pueda parecer lo de las estaciones es verdad. No existe ninguna en Islandia. También era cierto que todo era tan caro, que nunca se podía regatear, como consecuencia del éxito económico del país.

Actualmente todos hemos visto como está. Espero que los catalanes, no tomen el camino equivocado por su propio interés. Viven en una comunidad extraordinaria y disfrutan de un nivel de autogobierno sin igual en los países de nuestro entorno y todo ello dentro de España y Europa. No deben arriesgarse a perder todo eso por una quimera de consecuencias, en el mejor de los casos, inciertas. Como decía Maquiavelo, el sistema que más perdura es aquel que tiende a atender al interés general.









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