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19/07/2013 - Juan Luis Sánchez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Con problemas en los fogones

Os puede resultar curioso que hable de un libro sobre recetas de cocina en una columna de opinión de EL DISTRITO, pero tengo cierta preocupación por el tema por mis escasos conocimientos culinarios. Mi dedicación profesional a la tecla me deja poco tiempo para aprender a cocinar algo que tenga un poco más de complicación que un huevo frito.
Confesar que no tengo mucha idea de cocinar sería quedarme corto. Se ajustaría más a la realidad decir que es un milagro que siga vivo.

Una vez mi madre me regaló un libro que se titulaba "La cocina para idiotas", pero tenía demasiado nivel para mí, o sea que no llego ni a idiota. Y no es broma. Por ejemplo, ponía que rehogaras las verduras con un poco de aceite, y yo no tengo la más mínima idea de qué rayos significa eso.

Así las cosas acojo con entusiasmo la noticia de que la periodista y bloguera Amaya Ascunce, autora del tronchante libro "Cómo no ser una drama mamá", acaba de publicar una secuela titulada "En la cocina con la drama mamá", centrada en cuestiones gastronómicas.

Empezar a leerlo ha sido toda una experiencia mística. Por fin he tenido entre mis manos un libro sobre cocina que habla mi idioma. Y es que la autora comienza comentando algo así como que ostenta el record Guinness de preparar el peor arroz blanco del mundo, pues aunque no se necesitan muchos conocimientos para hervir arroz, nadie jamás en su vida le ha dicho que el suyo estuviera bueno. Ni siquiera su novio, por cumplir... Tremendo.

Entonces va la editorial Planeta y le encarga que escriba sobre cocina con su madre. Ésta se muere de la risa imaginando a su hija con una sartén, pero luego se lo piensa mejor y acepta el reto, por el bien de sus futuros nietos, que tendrán que sobrevivir cuando no esté ella y no cuenten con sus tuppers... En fin, me siento incapaz de contar "En la cocina con la drama mamá", porque es absolutamente indescriptible. Mucho mejor leerlo.

Aunque parezca mentira, también se aprende un poco a cocinar platos. Y eso que algunas medidas son muy particulares, por ejemplo el gazpacho lleva una pizca de sal, pero tiene que ser una pizca con la medida exacta de los dedos de la madre de la autora, claro, porque sino no es lo mismo, no saldría bien...









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