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03/10/2008 - Juan Luis Sánchez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Se sabía hace semanas que no le quedaba mucho tiempo de vida, pero aún así la noticia de su fallecimiento nos ha dejado desconsolados. Los perdedores del mundo, y en general todos aquellos que nos esforzamos en algo, llegamos a creernos que hacemos nuestro trabajo más o menos con cierto nivel, y aún así somos unos pobres desgraciados, condenados al fracaso impepinablemente, siempre nos hemos identificado con Paul Newman, más que con ningún otro actor del celuloide. Se especializó en interpretar a auténticos ‘cracks’, tipos excepcionales que sin embargo chocaban frontalmente contra la fuerza de los elementos, y no tenían nada que hacer contra ellos. Todo aquel que lea mis artículos, quizás sabe de sobra lo que se siente estando en esa situación. Por eso no hace falta explicar por qué era un actor que me fascinaba.

Casi siempre, a los actores tan atractivos como Newman les ofrecen papeles de grandes héroes, y dejan a los perdedores para tipos menos guapos, a veces carismáticos, como Edward G. Robinson, o Humphrey Bogart. Pero a Newman parecían aburrirle los héroes -demasiado fáciles para su nivel actoral-, y se concentró en los antihéroes. Creo que varios de los mejores perdedores de la historia del cine los ha interpretado él. Mis favoritos son, por supuesto, Eddie Felson ‘el rápido’ (el as del billar sin futuro que interpretó en El buscavidas y El color del dinero), Brick Pollitt (el homosexual reprimido de La gata sobre el tejado de zinc), Ben Quick (el vividor con reputación de pirómano al que nada le puede salir bien de El largo y cálido verano), Butch Cassidy (el forajido carismático condenado a morir a balazos sino es al día siguiente, al otro) y sobre todo Luke. Me apasiona especialmente Luke. Es el tipo al que condenan a trabajos forzados para toda su vida por romper unos parquímetros ‘estilo Gallardón’ en un garaje. Pero era el tipo con la mayor fuerza de voluntad y tesón que he visto en una pantalla. Lo demostraba en la famosa competición de comer huevos duros. La película era La leyenda del indomable. ¡Qué grande eras, Paul! 

Cuando se supo la mala nueva, publiqué en www.decine21.com un extenso perfil del actor. Sí, ya sé que estaba colgado en la web nada más conocerse la noticia. Podéis pensar mal y acertaréis porque efectivamente, ya lo tenía redactado. ¿Qué hacemos los periodistas cuándo tenemos tiempo libre? Escribir necrológicas. Así ahorramos tiempo. ¿O creéis que los extensos documentales y las piezas supertrabajadas de los telediarios que han emitido en televisión sobre el actor los han hecho deprisa y corriendo? Eso se nota. Pero luego, merece la pena, porque esto se ha sabido el sábado, y claro, es un día muy malo para tener que ponerse a trabajar. Había que aprovechar que ya se sabía desde hace semanas que el pobre estaba muy enfermo. Este mismo artículo está trabajado, porque lo tenía preparado de antes.

Otro detalle de este asunto es lo suficientemente revelador sobre la calidad humana y profesional que tenemos nosotros, los periodistas. ¿Cómo se supo en un primer momento que había muerto Paul Newman? Al parecer, uno de una fundación creada por el  actor declaró que había recibido un mail de alguien que le contaba que Newman había muerto. Poco después, salía un portavoz de la familia confirmando la noticia, pero ésta ya había salido en todos los medios a bombo y platillo. En el intervalo, ¿alguien se molestó en llamar a casa de Paul Newman? Igual les cogía él el teléfono. Ocurrió una vez. Fue con el actor Bob Hope. Era muy mayor y en una agencia de noticias ya habían preparado el obituario, en un rato libre de esos a los que hacía referencia antes. Alguien pulsó el botón sin querer, y se envió el teletipo a todos los medios. Cuando llamaban a su casa para pedir declaraciones a su familia, se encontraban con que les respondía él.

juanluissanchez.blogspot.com


 

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