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06/06/2008 - Juan Luis Sánchez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Aunque ha pasado ya algún tiempo, aún recuerdo aquel día de diciembre de 2004 como uno de los peores de mi vida. Por la mañana pasé un rato chateando a través de internet. Una chica inició una conversación privada conmigo:

-olaa!!!- escribió así literalmente, sin 'h' para ahorrarse letras, supongo.
-Hola- contesté yo, con menos letras, a pesar de que sí que había usado la ‘h’.
-k tL? pOs sTba x aKi Y Cm staBa abuRRia pues e dCdiDo mNdrTe un mSj pRA CnCerNos n pCo. Yo sy jeSy y t kMo t lLmas?

¿Qué decía? Descifrar su frase era un tarea complicadísima. No entendía nada. Definitivamente el chat no se había hecho para mí. Apagué el ordenador y estuve un rato pensativo. De repente, estaba en un mundo que había avanzado mucho más rápido que yo. Me había quedado desfasado poco después de cumplir los treinta. Yo era una reliquia viviente, tan obsoleto como la Arielita. Me sentí como una cinta de cassette a la que ya nadie quiere.

Esa misma tarde, como si fuera una señal del destino, recibí las pruebas de uno de esos libros colectivos que he hecho alguna vez para llegar a fin de mes. En cuanto leí mis textos, me di cuenta de que me habían corregido bastantes cosas. Llamé a la editorial y exigí que me pusieran con la correctora. Resultó que estaba bastante enojada conmigo.

-Es que te he tenido que quitar las tildes de los pronombres demostrativos y las diacríticas.

Yo había leído sobre eso. Hacía unos años, concretamente en 1999, la Real Academia de la Lengua se reunió en La Rioja, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, para aprobar la Nueva Ortografía de la lengua española. Pero entendía que podían usarse las tildes al estilo tradicional. O sea, ya no era obligatorio ponerle una tilde a 'este', 'ese' y 'aquel' cuando son pronombres, pero dice la Academia que puedo ponerlos si quiero.

-Pero ya no los ponemos. Se pueden poner, pero en la práctica los colocamos en casos rarísimos, como ‘dijo que esta mañana vendrá’, que no es lo mismo que ‘dijo que ésta mañana vendrá’.

Las ‘bs’ me las quitó en un par de casos. Ni ‘substancia’ ni ‘substraer’. Ahora se pone ‘sustancia’ y ‘sustraer’. Y por supuesto, todas las tildes de pronombres enclíticos, y muchas cosas más. 

Cuando colgué, recordé aquel intento de diálogo por el chat. Me di cuenta de que muy posiblemente su forma de hablar se extendería con el tiempo. Así que la Real Academia de la Lengua recogería el término ‘ola’. Y ‘hola’ desaparecería del diccionario y sería sustituida por ‘ola’. Y el diccionario de dudas especificaría claramente: ‘No usar nunca ‘hola’ con ‘h’, es una forma incorrecta’. Así pasaría con todas las palabras que había usado esa chica. Y yo compraría libros en las tiendas, pero no los entendería. El idioma no es estático. Es dinámico. Qué se le va a hacer.

Por cierto, si os fijáis bien en mis artículos o revisáis mi blog, yo sigo utilizando las reglas anteriores a 1999. Soy un romántico que pone ‘sólo’ con tilde cuando equivale a ‘solamente’ como me enseñaron en el colegio y escribe también ‘guión’. Así que me he quedado desfasado. Como si fuera un romano que pretendiera seguir escribiendo en latín, cuando éste ya ha derivado al español y nadie le entendería.

 

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