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04/07/2007 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Pablo Sagastibelza

Algunos colegas han publicado que desde que el "Doctor" Montes dejó el Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, la supervivencia de los pacientes ha crecido casi un 50 %. Dicen los jueces que no se puede demostrar una intención homicida en el médico, pero sí que al menos en quince casos de los estudiados se prueba una mala praxis médica por sedación irregular. Yo diría más bien que es una muy mala praxis médica, como mínimo, visto lo que ocurre en el Servicio de Urgencias en ausencia de Montes. Y todo esto se refiere a los casos estudiados, pero no es demasiado suponer que el total podría ser más elevado.

Estas reflexiones vienen a mi cabeza porque llevo quince días, uno detrás de otro, en la puerta de la Unidad de Críticos de un hospital en Madrid a la espera de recibir el parte médico diario de un amigo gravemente accidentado. Pienso en estas cosas no sólo por él, sino también por las decenas de personas que uno se encuentra en un lugar por el que sería mejor no pasar nunca.

Es encomiable el trabajo de médicos y enfermeras de ese hospital: profesionalidad, dedicación y delicadeza. Dicen que es el mejor del país. Quizá, en estas situaciones límite, uno cae más en la cuenta de la importante tarea del personal sanitario, y de la gran responsabilidad que tienen en sus manos. Llama la atención la avidez con la que esposas, maridos, hijos o amigos de los enfermos esperan una información positiva, algo a lo que agarrarse en esos momentos de angustia, un destello de esperanza al que aferrarse, por pequeño que sea. Es irrelevante la gravedad del paciente, siempre se quiere la vida en la medida de lo posible, y les aseguro que el arco del deseo es enorme.

Se eriza el vello sólo de pensar que pueda haber un médico que se crea dueño de la vida y de la muerte, que piense por encima de la naturaleza y de Dios que es él quien realmente sabe cuándo y cómo debe morir una persona. Sólo con que esto ocurriera en un solo caso sería tremendo. Basta pensar que el elegido para el "experimento" podría ser uno mismo. No me refiero a esos enfermos incurables a quienes les queda poco tiempo de vida, y a quienes hay que dar el mayor cuidado que se pueda en todos los aspectos porque no quieren morir solos. Me refiero a otros que quizá entran en un Servicio de Urgencias en estado grave, quizá con pocas esperanzas de salir adelante, con pronóstico de semanas y semanas de convalecencia en esa Unidad, y que alguien decide que no deben seguir viviendo. Me ciño a la actualidad, y a la politización nefanda de la sanidad.

Los jueces han dicho que no pueden saber si Montes mató a esas personas, pero que desde luego hubo mala praxis médica (y lo explican con detalle). Los resultados posteriores hablan por si solos: si Montes no mató a nadie, al menos era un médico de los peores, más valía que no te llevaran al Hospital de Leganés "por si los Montes".

Qué necesarios son los Cuidados Paliativos, que ayudan a bien morir y a ver morir con dignidad y esperanza a los que queremos. Nada hay más natural que nacer y morir, y nada hay más perverso que intentar dominar esos ámbitos de la vida del hombre. Una cosa es investigar, mejorar, avanzar, otra distinta e inalcanzable para el hombre es ser dueño absoluto de la vida y de la muerte. Miles de personas han caído en esta vieja tentación a lo largo de los siglos, y muchas más -millones- han fenecido en las redes de esos visionarios. Cuando se pierde el sentido de lo que nos sobrepasa, cuando no se quiere aceptar la dignidad de lo que somos, en la Historia aparecen quizá doctores montes, y desaparecen dramáticamente hombres y mujeres desconocidos para todos, excepto para ellos mismos y sus familias, sin posibilidad de enmendar el error.

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