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02/07/2008 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Pablo Sagastibelza

¿Por qué no me deja ser feliz? Esta es la respuesta impresentable con la que Villar, Presidente de la Federación Española de Fútbol, respondía de malas maneras y malencarado a la pregunta de la entrevistadora de Cuatro al acabar la final de la Eurocopa el pasado 29 de junio. Era evidente que esta profesional debía preguntar al Presidente por el futuro de Luis Aragonés en la selección. Y era evidente que Villar, delante de varios millones de aficionados, debía responder a la pregunta. Era evidente que se la iban a hacer. Al menos podía haberse preparado.

A veces, los hispánicos tenemos la virtud de destrozar lo que funciona con una facilidad pasmosa. Cierto que a Luis le han puesto a caer de un burro desde hace mucho tiempo, sobre todo con el famoso y estéril affaire Raúl, pero el resultado de su trabajo es palmario: 44 años hacía que no ganábamos el trofeo, y 24 que no llegábamos a una final. No sólo eso, se ha reconocido en todo el mundo que la selección nacional de fútbol ha sido capaz de elaborar un juego imponente basado en tocar el balón, que es la esencia de este deporte. Se ha fortalecido un grupo donde no existen los figurones desestabilizadores (esto va por el affaire mencionado), donde -al menos en apariencia- el ambiente es bueno. Incluso, la mayoría de los compañeros de los medios de comunicación han reconocido como buenos profesionales que, en ocasiones, se han equivocado al criticar a Luis de manera tan feroz.

Y resulta que el sabio de Hortaleza se va “porque no le han dado la oportunidad de quedarse”, que manda huevos, como dijo el Presidente del Congreso. Desde luego, es una lástima que el principal actor de este éxito tenga que marcharse de esta forma, y es una lástima que para una vez que conseguimos un bloque muy fuerte, muy mentalizado, con un fútbol galáctico, las envidias, los dimes y diretes, las tontadas, lo echen abajo. Ojalá me equivoque y el próximo entrenador acreciente lo conseguido. Veremos.

Sr. Villar, no le dejamos ser feliz sencillamente porque para algo es el Presidente de la Federación Española de Fútbol, y lo único que nos interesaba de usted esa noche era saber por qué se iba Luis. Si no responde al núcleo del interés de la opinión pública, si no aprovecha la oportunidad de ser escuchado por cientos de miles de personas, se podía haber ahorrado la perogrullada de que la victoria es un éxito de todo el fútbol español, las federaciones, los clubes, los jugadores hasta de categorías inferiores, etc., etc. Poco interesa.

Desde estas líneas felicito a mi compañera de Cuatro porque, en medio de ese ambiente fantástico, semejante respuesta en el fondo y en la forma era como para que se hubiera comido el micro. Aún así, esa reportera de raza, mantuvo el tipo y supo sonreir.

Dicen que Luis no tiene muchas formas, ni en el hablar ni en el vestir. Visto lo visto, supongo que su Presidente no ayuda mucho. Menos mal que la vergüenza ajena duró poco, y enseguida llegó gente más interesante para ser entrevistada.

Siento mucho, queridos lectores, fijar el objetivo en el único punto negro de estas jornadas maravillosas, en las que Es-paña se ha echado a la calle gracias al pundonor de unos pocos. Nos hacía falta respirar unidad y serenidad. Mereció la pena pasar unas horas paseando por la Castellana arriba y abajo para ver, para escuchar, para sentir el ambiente. Fue bonito ver a los mayores que por fin saboreaban un gran triunfo, después de tantos años de sequía, y a los jóvenes que no habían nacido en 1964 ni en 1984, es decir, los que todavía no han sufrido mucho y se malacostumbran con los nadales, alonsos, gasoles y contadores.

Que Villar no nos empañe la fiesta. Como ha escrito Ignacio Camacho en su diccionario eurocopero: Victoria. En España, gozosa sensación casi desconocida y casi unánime de plenitud colectiva.
 

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