inicio
 Líder en Prensa local de Madrid |  Jueves, 21 de septiembre de 2017
Recordarme   Entrar
    Lo olvidé   |   Registrarse
13/06/2012 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
Votar:  
Resultado: 0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos   6 votos
Ver además...
Los pobres también celebran a D. Quijote
Navarra
Sugerencias para el verano
Continental Airlines. Nunca mais
La crispación no es de sentido común
Una nueva era
El sentido de la Navidad
Gaspi y la Catedral de Córdoba
Alcorcón en llamas
Semana Santa en Madrid
Periodo electoral: una tortura que no cesa
Malasaña en llamas
¿Dueños de la vida y de la muerte?
Las hienas y los hombres
Un país de ricos
La muerte
Yo soy sietemesino
Heridas abiertas
Cerrar el periódico, apagar la televisión
Una radiografía
Milongas mediáticas
La lupa de los medios
El Aguafiestas
Balance olímpico más bien negativo
Discursos cerrados
Ruptura UPN-PP
Navidades, a pesar de todo
Lo que nos espera
El ‘Pulgarcito’ de América en observación
La caza en el S.XXI
El Gran Circo ZP
Adversus Javier Marías
Cavernícolas en democracia
El avispero centroamericano
Alarmismo inmoderado
Las góticas
Lo más evidente
La cumbre de Copenhague
Discursos vacíos
Dolor de amistad
¿Dónde están los sindicatos?
Desastre y mentira socialista
¿Cooperantes insolidarios?
Anna Karénina: el realismo del amor
Igualdad sólo cuando interesa
Por salud hablemos de otra cosa
¿Vecinos con problemas?
Un año más...
Contrastes del siglo XXI
La Responsabilidad Social Empresarial, ¿maquillaje o realidad?
Elegancia en vertical
El hambre

A lo largo de los años puedes viajar cientos de kilómetros por zonas rurales o urbanas paupérrimas y no saber qué significa pasar hambre. Puedes contemplar una y mil veces -como yo he hecho en Centroamérica- la pobreza feroz de quienes no tienen ni una mala letrina donde defecar, o unos zapatos que ponerse, y no saber qué es el hambre. Puedes pensarlo conceptualmente: “esas personas pasan hambre”, pero eso es distinto que palparlo. Incluso, puedes llegar a detectar con realismo dramático lo que significa no tener ni siquiera como para asistir a las clases en una mala escuelita con profesores cuasi analfabetos, pero… eso es cosa diferente al hambre.

Probablemente, algunos de los lectores han viajado por lugares de África donde esto se ve nada más poner pie en tierra y saben de lo que escribo, o que por su edad vivieran épocas de escasez post bélica y no tuvieran nada para llevarse a la boca en algunos momentos, pero es más que probable que otros muchos no imaginen ni de lejos lo que significa “pasar hambre”.

He contemplado muchas veces en tierras americanas caras de niños sonrientes cubiertos de harapos mugrientos, o rostros de hombres y mujeres tostados por el sol y  surcados por las arrugas profundas de quien envejece antes de tiempo. He observado los cuerpos macilentos y enflaquecidos de quienes pasan con lo mínimo de lo mínimo, o madrugadores borrachos de puro alcohol desalentados y desesperanzados de la vida, que no pueden más que encogerse en las cunetas o las aceras, pero –a pesar de esas imágenes tremendas-… no siempre esas almas te trasmiten el zarpazo de la canina con la fuerza del martillo que golpea el yunque. Pasar hambre es otra cosa, e imagino que peor es pasar sed y no tener con qué aliviarla: aún existe otro nivel de miseria por debajo del que a muchos parecería imposible atravesar.

Hambre es la de esos niños –Ricardito y hermanos… y otros como ellos- que juegan a comer cuando lo único que tienen es un pan de caridad untado de margarina. No hay nada más, muchas veces menos, durante días. Quizá, si la abuela ha vendido algo en su venta de comida en la calle, les lleguen un par de dólares con que aderezar esas cenas tan lejanas de los fastos europeos, donde a tantos sobra, tantos derrochan y tantos se quejan.

Ya regreso a España, a la Madre Patria, como la llaman por aquí, con otra lección aprendida después de muchos años de peripecias centroamericanas: sepa usted lo que es pasar hambre, pero sépalo bien. Gracias por la lección, procuraré aprenderla y grabarla en mi memoria.

psagastibelza@gmail.com

Comentarios: 2
Simón dijo el 17/07/2012 a las 11:19h.
Genial artículo. Gracias Pablo.   Avisar al moderador
LOMBARDO dijo el 23/06/2012 a las 18:29h.
UN EXCELENTE ARTÍCULO. FELICIDADES PABLO. ACA EN EL SALVADOR ESO QUE DICES ES LO QUE SUCEDE A DIARIO EN MILES DE MILES DE HOGRES Y NO SOLO CAMPESINOS SINO DEL ÁREA SEMI URBANA. ADELANTE QUE ALGUN DIA ALGUIEN A PARTE DE DIOS DEBE ESCUCHARNOS Y PODAMOS TRANSFORMAR ESTA SOCIEDAD EN LA QUE AHORA VIVIMOS.   Avisar al moderador








Enviar
Normas de uso
- Esta es la opinión de los usuarios, no de El Distrito.

- Los comentarios contrarios a las leyes españolas, injuriantes o difamatorios serán eliminados, así como aquellos que consideremos que estén fuera del tema o contengan publicidad.

- "Aviso al moderador". Si considera que algún comentario incumple la normativa, le agradecemos nos lo comunique por esta opción para nuestra valoración.
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic