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19/07/2007 - Jorge Bustos Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El obsceno ansia de poder
Jorge Bustos

Un tal Rodríguez -no confundir con el presidente- se pasa de Coali-ción Canaria al Grupo Mixto del Congreso y apoya una moción de censura contra el gobierno formado por el PP, que sólo ha estado 13 días en el poder, los suficientes según el tránsfuga y sus nuevos compadres para acreditar “falta de estabilidad”, y así poner a un tal Pérez, del PSOE, de presidente de Gran Canaria. Los estrategas del miserable enjuague aún tienen huevos para vindicar un gobierno “de progreso y plural” como justificación de su estafa, mientras contienen a duras penas la carcajada que les provoca la inoperancia ciudadana y la ductilidad frustrante de la ley. Sin salir de las islas, el PSOE ha pactado el gobierno de Lanzarote con el partidín de Dimas, quien haciendo honor a su bíblico nombre mantiene su liderazgo desde la trena en que pena por malversación.

Un mercadeo de apoyos desprovistos de cualquier otro ideario que el puro y obsceno acceso al poder otorga el gobierno de Baleares a un mejunje de seis siglas aglutinadas meramente por una sed caballuna de presupuesto y moqueta. Disimulando en los belfos la mueca de lascivia satisfecha, relinchan luego algo parecido sobre el progreso y no sé qué deseo de cambio de los ciudadanos.

Otra moción de censura del PSOE con IU desbanca al PP de la alcaldía de Leganés y concede la vara de nuevo edil a un tal Montoya, un tipo de mentón cuadrado con pinta de estibador de puerto que, lejos de fingir reticencia ante la heterodoxia de su ascenso, posa muy ufano como un nene ante la foto de graduación que le tira su mamá y promete una gestión basada en la “sostenibilidad y la ¡participación ciudadana!”. Sin advertir que la primera participación ciudadana es la de votar, y que él no fue el más votado. Qué decir de los dos o tres alcaldes -esta vez del PP- que se cebaron el sueldo nada más llegar al poder. Aguirre se lo congeló, y ya se han quedado sin programa hasta los próximos cuatro años… En cuanto a Navarra, si el PSOE no forma gobierno es por el miedo a que la alianza con los anexionistas le pase factura en las elecciones generales.

Todo es puro interés. Me parece muy humano, la política es una tarea llena de exigencias, con una agenda apretadísima sin muchos festivos, un arduo desempeño que sólo la corrupción o un narcisismo irredento alcanzan a gratificar. Lo que ya me parece mal es que no lo reconozcan. Lo que fatiga y repugna es la retórica, es decir, la mentira rimbombante e impasible. Diga usted que lo que pasa es que le gusta mandar y que, por mandar, usted propone mociones de censura y vende a su santa madre si hace falta, hombre; dígalo, y la gente, que ve cosas peores en los magazines de la tele, incluso jaleará su franqueza y colgará su declaración en Internet. Ahórrenos usted esas palabras que en su día significaron algo positivo y hoy se envilecen en su boca: ‘ciudadanía’, ‘democracia’, ‘progreso', ‘pluralidad’. Todo mentira. Poder. Poder. Poder. ¿Alguien denuncia a una golfa por reconocer que fornica por dinero? Al menos, claridad.

Los puristas, los leguleyos, los formalistas de la escuela de Pepiño dirán que la moción de censura es un instrumento perfectamente legal; que tránsfugas hay de todos lados a todos lados -y enarbolarán el caso Tamayo&Sáez, que no se parece a ninguno de estos porque hubo nuevas elecciones después-; que los pactos son buenos porque integran y así es todo más democrático y participativo; que la ley lo permite. La ley también permite engañar a tus padres o humillar a tus amigos. Resulta que en la vida hay que hacer algo más que practicar lo legal o evitar lo ilegal si se aspira a la dignidad.

Rajoy, quizá porque sabe que ningún político aspira a la dignidad, dice que va a cambiar esta ley electoral. ¿Y si fuera verdad? ¿Y si las sectas nacionalistas dejaran un día de condicionar el destino de las mayorías en este país? ¡Qué sueño beatífico! ¡Qué utopía de placidez! Pero temo que quizá tengan que morir todavía unos cuantos para hacer rentable la decencia.

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