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20/04/2010 - Víctor Núñez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El tío de la vara
Víctor Núñez

Hay que felicitar a José Mota por su gran programa en TVE y el éxito que está cosechando. Lo reconozco abiertamente, me fascina ese humor tan mesetario que tan bien nos retrata. Sé que nunca pasará el filtro de los ‘gafaspasta’ y otros titiriteros del mundo cultureta, pero hay que reconocer que el tío nos tiene tomada la medida al pueblo español. Personajes como el Capitán Fanegas, la Blasa, el Aberroncho y, sobre todo, el Tío de la Vara están en el imaginario de todos los que de una forma u otra nos sentimos de pueblo, sobre todo castellano, y es que, en el fondo, todos somos un poco paletos. Puede que Mota haya triunfado con este programa  porque, si Madrid es el ‘gran poblachón manchego’, en la patria del Quijote se encuentran bien presentes de una forma genuina e, incluso, descarnada las esencias de nuestra España, la capaz de lo mejor, artística, noble y soñadora; y la chusca y miserable. El humor de este manchego es directo, pero sin zaherir a nadie, es inteligente pero no está hecho por un listo. A diferencia de “wyomings” y “folloneros” es un humor agudo pero sin sectarismo. Denuncia vicios imbricados en lo más profundo del alma española pero sin ridiculizar a las personas. Da caña a los políticos y denuncia sus corruptelas y miserias pero sin hacer sangre ni leña del árbol caído. 

Desde hace tiempo el humor manchego está de moda, primero fueron los chicos de La Hora Chanante (ahora Muchacha Nui) los que demostraron que se puede hacer humor inteligente, mezclado con lo cañí sin caer en lo zafio, haciendo patente que no es necesario sacar lo escatológico y “torrentiano” para arrancar la risa del público. 

Siempre he pensado que el humor es, junto al terror, de los géneros más complicados y a la vez más denostado. Es muy difícil ser original sin caer en los topicazos y en recursos de brocha gorda y trazo grueso. A través de los personajes de Mota vemos que se puede hacer de este género un trabajo más que digno. En sus personajes vemos un fiel reflejo de la intrahistoria española, y todos nos reconocemos en muchas de sus situaciones, incluso en los vicios: del gorrón al cotillo, del listo al tonto del pueblo, del corrupto al aprovechado. Para todos ellos hay leña, mejor dicho vara. Todos serán crujidos a varazos por el Tío de la Vara. Con este personaje Mota ha alcanzado su alter ego cómico y, para mi gusto, el personaje clave que mejor define su humor. Esa mezcla de superheroe moderno y Quijote paleto al que sólo la criptanita (del Campo de Criptana, of course) puede debilitar. ¿Quién no disfruta a lo grande al ver a nuestro héroe rural apaleando a chorizos, gorrones, abusones y robaperas? Como todo gran héroe tiene que tener su antagonista, su supervillano y aquí ha dado en el clavo con el Capitán Fanegas, ese cabroncete que en todo pueblo español campa a sus anchas, capaz de matar al gorrino del vecino por envidia, arrancar el hito con tal quedarse con un palmo de tierra, siempre dispuesto a tirar de bardeo y clavartela por la espalda. Uno de sus momentos cumbres del superheroe, para mí el más audaz, fue cuando apareció ante la puerta del Congreso de los Diputados blandiendo su vara afirmando que los iba a crujir vivos. Lástima que sólo sea una ficción.

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