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30/12/2010 - Juan Julián Elola Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Aunque resulta una pregunta intrascendente, realmente ocupa siempre en estas fechas un gran tiempo de conversación entre amigos, bien sea referida a los regalos propios que uno recibe, cuando es niño, o bien a cómo se los hace llegar a sus hijos en Navidad. La decisión es mucho más importante para los que ya no son tan pequeños pero todavía ponen mucha ilusión en lo que esperan que les sea regalado, en esos objetos de deseo que llegan incluso a quitar el sueño durante estos días.

Todos hemos sido un poco de Papá Noel, al menos de niños. Un poco, o más bien un mucho. Sentíamos envidia de aquel amigo que recibía sus juguetes en Nochebuena, o el día de Navidad, y se dedicaba todas las vacaciones a jugar y presumir de ellos. Los demás, cuando venían los Reyes, entre las visitas a los familiares de ese día y el cansancio acumulado al día siguiente por pasar la noche casi sin dormir, llegábamos al cole con alguno, incluso, sin estrenar. Ningún niño quería que sus regalos los trajeran los Reyes Magos, aunque hay costumbres inamovibles y ésta, normalmente, es una de ellas.

Por parte de los mayores la cosa cambia. Por un lado, parece que el día de Nochebuena es una festividad más familiar que, mezclada con la aparición de los paquetes y con el intercambio de presentes, resta protagonismo al encuentro y se lo da a los regalos, y en gran parte a los niños, cuando los hay. Parece más apropiado estar los niños por un lado y los mayores por el otro. Es noche de cenas, no de juguetes. Por el contrario, el día de Reyes es un día exclusivo para los niños y son ellos quienes se convierten en absolutos protagonistas, por mucho que los adultos nos apuntemos también a los regalos y a ponernos contentos con el intercambio (o a disimular que aquello recibido nos ha gustado, en algunos casos). Nosotros somos simples convidados a una fiesta que ya no es nuestra.

Pero además ¿por qué juntarlo todo en una fiesta, cuando puedes tener las dos? La Nochebuena y el día de Navidad están ahí y parece norma que todos, creyentes o no, celebremos de alguna manera una reunión familiar esos dos días. Sin embargo, está claro que los españoles, o los hispanos, puesto que somos prácticamente los únicos que tenemos como tradición la llegada de los Reyes Magos, alargamos más que nadie las fiestas navideñas. Después de Año Nuevo, en la mayor parte de los países se vuelve más o menos la normalidad, aunque los niños aún disfruten de unos días de vacaciones. En España aún hacemos que se prolongue la fiesta una semana más, hasta el 6 de enero o incluso otro par de días entre visitas a familiares o amigos por los regalos. Total, que sin la fiesta de Reyes, las Navidades terminarían el 2 de enero. Y eso tampoco es plan.

En definitiva, que cada uno haga o haya hecho lo que le parezca mejor, que los Reyes o Papá Noel os traigan lo que estábais deseando, que hayáis pasado unas buenas fiestas y disfrutéis de lo que queda de ellas, y que el año 2011 sea mejor que el pasado 2010, lo que creo que, para la mayoría, no será muy difícil.
 









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