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05/02/2008 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Por experiencia propia o, en el mejor de los casos, ajena, todos sabemos lo que duelen este tipo de lesiones. No es sólo el momento en el que se producen, sino las molestias derivadas, que suelen alargarse horas o días. La cosa puede llegar a ser insoportable si a esas heridas se les echa sal gorda, como la que necesita un buen solomillo para ser excelente.

Algo así es lo que ocurre en este rifirrafe que mantiene el Gobierno, y gentes varias del PSOE, con los obispos españoles. Parece que nuestros gobernantes tienen varias heridas rezumando pus y sangre, y la sal de lo evidente les hace exclamar gritos de dolor. El documento de la Conferencia Episcopal Española "Ante las elecciones de 2008", publicado hace pocos días y que sigue en el candelero mediático, no es sustancialmente diferente de los escritos en otras ocasiones en situación similar. La Iglesia en boca de sus representantes legítimos opina -con bastante más base intelectual que muchos, por cierto- sobre algunas de las cuestiones debatidas en la legislatura que toca a su fin. El matiz es que los obispos no opinan sobre todo lo que se ha cocido estos cuatro años pasados, sino única y exclusivamente sobre los temas que atañen más en directo a la visión del hombre cristiana, heredada de los clásicos griegos y romanos, y enriquecida por más de dos mil años de experiencia. Esto es, escriben sobre la defensa de la vida humana, especialmente de los niños no nacidos y los mayores o enfermos, de la familia y el matrimonio, del derecho de los padres a la educación de sus hijos, del terrorismo, de la inmigración, de los parados, de las prostitutas, de la violencia de género, de los niños desprotegidos, de la vivienda, etc., etc.

La sal en la herida de este Gobierno relativista, deseoso del pensamiento único caiga quien caiga, le hace chillar y desfigurar el texto episcopal. Basta leerlo para caer en la cuenta de que el respeto por la libertad y la inteligencia de los destinatarios es exquisito. Lógicamente, quien no lo ha leído puede proferir todo tipo de improperios, pero esto carece de importancia. Es un documento para personas que sepan leer y tengan dos dedos de frente. Además, requiere una lectura contextualizada en otro documento anterior, bastante más profundo e interesante que este, publicado en noviembre de 2006. Cito textualmente algo de lo escrito el jueves 31 de enero pasado: "Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y responsabilidad para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y la convivencia en el mutuo respeto…".

El problema que tienen los obispos es que Gobierno y otros "intelectuales de izquierda" (y me refiero a alguno de los premiados en los últimos Premios Goya, por ejemplo) tienen una herida abierta desde hace tiempo, producida por causas múltiples, que consiste en querer encerrar los valores espirituales en el cajón de la conciencia personal, y hacer de la libertad absoluta el eje del comportamiento humano. Posturas irreconciliables, pero llamadas al entendimiento. Invito a los lectores a que lean los textos publicados por unos y otros, a ser posible sin mediaciones interesadas, y que concluyan lo que les parezca. No pretendo predisponer a nadie contra nada o a favor de parte, lo que sí me gustaría es que antes de hablar u opinar, por coherencia intelectual y moral, se lea lo escrito, despacio y pensando. Sé que no es fácil, pero estoy convencido de que no es imposible. Con la lectura, la reflexión y el diálogo se cierran las heridas abiertas.

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