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26/02/2007 - Jorge Bustos Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Jorge Bustos

Toda nación necesita sus héroes. Muerto Hernán Cortés, perdida Cuba y entrullado Mario Conde, por aquí vivimos huérfanos de heroicidad, y así no hay manera de fomentar el patriotismo. La derecha tiene sus apocamientos y a la izquierda le da vergüenza la bandera y alipori un himno franquista compuesto paradójicamente en mil setecientos y pico. Aparte de los Héroes, de los del Silencio, que vuelven a tocar juntos por fin, a nuestra Iberia sumergida la ahogan cada vez más los rumores nada clandestinos que llegan de provincias periféricas, tan centrífugas ellas.

Es lógico que sean los partidos independentistas los únicos que se ponen manos a la obra en la tarea de la construcción nacional, porque como no tienen historia al margen de la común española, tienen que inventarse una, y eso, como la urdimbre de cualquier ficción, lleva su tiempo y su trabajo. Por ejemplo, en Galicia andan atareados en galleguizar apellidos cual inmigrante en busca de papeles, anhelantes de un entronque con la avanzada estirpe sueva. En Cataluña, Carod reivindica la sicalipsis como fuente de identidad nacional, y de ahí que haya prometido subvencionar el cine porno siempre que se ruede en catalán. Como todo el mundo sabe, el esmerado uso de la gramática es la nota más característica de este género fílmico, cuyos actores ya están ensayando el jadeo en dialecto ampurdanés como nuevos paladines de la cultura catalana fetén, que según vamos viendo se basará más en la sintaxis de los cuerpos que de las ideas.

Pero quienes verdaderamente han encontrado a su Aquiles exterminador de hombres, al nuevo Octavio de la pax vasca, al Gandhi de las oprimidas tierras del norte, no han sido otros que los pura sangre vascongados de Batasuna, PNV, PSE y demás redundancias. Su héroe: Iñaqui De Juana, azote de fascistas, crisol de la raza y conductor de la euskopatria hacia un nuevo horizonte de libertad que se va abriendo paso entre los cadáveres de las madres y los hijos del linaje adversario. Su expediente es impecable, tanto al frente de los ejércitos de liberación, causando 25 bajas en el bando enemigo, como en la resistencia mártir del hambre voluntaria, tras caer prisionero de las fuerzas opresoras. Uso toda esta basura retórica porque es en la que creen a pies juntillas las mentes acretinadas del independentismo vasco, esas en las que piensa Iñaqui con satisfacción caciquil mientras engulle su sándwich de jamón york todas las noches. La historia nos enseña que los héroes de un bando son los terroristas del opuesto. Viriato fue caudillo para los lusitanos y plebeyo insurrecto para los romanos; Drake, gloria naval inglesa y vil saqueador a los ojos de la marina española; Washington, padre de la patria yanqui y colono rebelde contra el rey Jorge. ¿Por qué Iñaqui no puede ser un Viriato, un Drake o un Washington? Porque es un inútil y un cobarde que ni vale para liderar una insurrección ni para comandar un navío ni para ganar una guerra, y porque la única causa que defienden los abertzales es una manera expeditiva de cobrar impuestos.

A este Iñaqui su Estado de Derecho lo va a poner en la calle próximamente. Se conoce que, a falta de héroes legítimos, hay que honrar a los bastardos.           

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