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03/10/2007 - Pablo de Santiago Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Incoherencias e incoherentes
Pablo de Santiago

Los humanos somos una especie incoherente. Yo, por poner un ejemplo, siempre tengo sueño porque me acuesto a las mil y monas. Desearía estar siempre tan despejado como Bart Simpson, claro, pero llegado el momento crítico la oscuridad de la noche me solicita para perpetrar bajo su amparo todo tipo de actividades. La consecuencia es que al día siguiente me parezco a uno de los zombis de George A. Romero. Quiero estar descansado, pero a la vez no hago nada por hacerlo. Pura incoherencia. Y no sólo soy yo, también el mundo es incoherente. Durante todo este verano (caray, qué lejano queda ya) me he estado acordando de los aguafiestas profesionales, de esos tristes propagadores de catástrofes al estilo Al Gore y sus avisos en Una verdad incómoda, una clase de tipos a la que les hace felices taladrar el cerebro del prójimo con lo del puñetero calentamiento de la Tierra y tal y tal. Por lo visto, según los grandes expertos, julio y agosto iban a ser los dos meses de verano más caluroso del siglo. A toro pasado, suena realmente a coña. Se comprenderá que cada vez que los pelos del cogote se me ponían como escarpias del frío que hacía en la playa, me acordara de la madre que parió a los profetas del clima, gurús del planeta Tontilandia, y doctores "Honoris causa" por la Universidad del Desprestigio, tan de moda hoy en día. En fin, algo falla en este mundo si el verano más caliente de los últimos años se convierte por pura magia (¿o será por culpa de Bush?) en el más helado de toda mi vida. Decididamente, nuestro planeta es también incoherente.

Pero luego, aparte de mí y del mundo que me rodea, también están los genios de la canción, los premios nobeles de la sabiduría, los creadores de la cultura, los luchadores por la libertad, los artistas de la incoherencia. Me he quedado atónito con las recientes declaraciones de Víctor Manuel, un cantante al que yo siempre había considerado elegante. Equivocado desde los pies hasta la coronilla, pero elegante. Y sin embargo ahora tengo que reconocer que llamar "hijo de puta" al portavoz de la Conferencia Episcopal es definitivamente poco elegante. Un error poco elegante. Poco importa para el caso que Martínez Camino no dijera ni por asomo lo que afirmaba el pregonero Víctor Manuel. Se ve que a él le daba igual. Víctor Manuel estaba deseando llamarle "hijo de puta", Víctor Manuel, el de "la mina" (que probablemente no ha pisado en su vida), Víctor Manuel, el de la lucha proletaria del PCE contra los déspotas capitalistas, Víctor Manuel, el del yate de sus idílicos veraneos, Víctor Manuel, el millonario con el puño izquierdo tan levantadito, Víctor Manuel, el iluminado de los desheredados, Víctor Manuel el gran tolerante, Víctor Manuel, el apóstol de Asturias, Víctor Manuel, el pacífico de la camisa blanca, Víctor Manuel, el gran adalid de la democracia, Víctor Manuel, el que llama hijo de puta a los sacerdotes, Víctor Manuel, ese pobre hombre, Víctor Manuel el incoherente.

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