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06/06/2008 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Una lupa es una lente de aumento que, según el uso a que se destine, se le pone una montura u otra. No es lo mismo la lupa del detective o del grafólogo, que la del podólogo, por poner ejemplos elementales. Todas son lentes de aumento, pero los soportes son bien diferentes, y el modo de uso distinto.

Los medios de comunicación tienen una cierta función de lupa de la realidad humana. Se podría decir que actúan a modo de lente en un soporte peculiar. Su tarea de selección de hechos convertidos en noticia ya es un modo evidente de dirigir nuestra atención hacia una cuestión u otra. La extensión y profundidad con que se traten esos hechos vendría a ser como la capacidad de aumento de la lupa. Si la selección está mal hecha, o el análisis es errado, la lupa en vez de ayudar, entorpece, se rompe la lente y nos confunde. Es un aparato que no sirve.

Muchas veces, la selección que hacen los medios de comunicación es interesante y necesaria, constructiva. Otras, es absolutamente superficial y absurda (confróntese mi artículo titulado Milongas mediáticas). Y otras, las más, no es ni blanco ni negro, depende. Tenemos un caso claro ahora que quedan pocos días para que comience una nueva Eurocopa de fútbol en Austria y Suiza. No pretendo analizar el papel de la selección española en este campeonato, puesto que palidecería ante la calidad del que hace Pablo de Santiago en su columna vecina. Sólo pretendo que reflexionemos sobre la necesidad de ser críticos -en el sentido positivo de la palabra- con lo que leemos.

La historia se repite. Divierte comprobar cómo, cada vez que llegan acontecimientos como el señalado, surgen los mismos temas de conversación, los mismos análisis, las mismas reacciones, las mismas pasiones irracionales (grandes críticas en la clasificación, y al mismo tiempo enormes deseos de victoria… siempre con un fondo de pesimismo y con terror a los cuartos de final).

El problema está, a mi juicio, en que los diarios deportivos y las secciones similares de otros medios generalistas necesitan llenar como sea las páginas de deportes, y acuden a su función de lupa hasta límites absurdos. Las épocas de concentración se caracterizan precisamente porque no hay nada más que concentración (la Segunda no interesa a nadie)…, y eso es muy aburrido. Cualquier gesto en un entrenamiento, un golpe leve (aunque sea aparatoso) al entrenar, un comentario de alguien más o menos famoso en relación con “la roja”, cualquier anécdota sobre alimentos, viajes o peinados, es analizada hasta la saciedad, y adquiere tintes de “cuestión nacional”. El famoso y ya olvidado debate sobre la presencia o no de Raúl es un ejemplo claro. Todo el mundo opina, todo el mundo habla… sin tener los datos importantes, sólo con saber el número de goles en temporada o sacando conclusiones con las pocas imágenes que se pueden ver en un resumen del partido en el telediario. Horas de conversación y trabajo, y ríos de tinta se han desperdiciado gracias a la lupa de los medios de comunicación aplicada al fútbol. Detalles indiferentes son catapultados a la opinión pública por el mero hecho de llenar una página.

Hoy mismo leo una página entera, que se dice pronto, en la que el periodista analiza con todo tipo de detalles, y desde todos los ángulos posibles, un asunto tan poco trascendente como si el Presidente del Gobierno va a despedir o no a la selección española en su último partido de Santander. Al hilo de semejante asunto se llega incluso a hablar de la política internacional de España en relación con Estados Unidos. Increíble, pero cierto.

Las cosas se sacan de quicio para mantener la llama de la pasión encendida. Demasiados aumentos para una realidad que no los merece y, por lo tanto, queda distorsionada y amorfa. En muchos casos, la lente aumenta lo que no debe.
 

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