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27/04/2018 - Enrique Redondo de Lope Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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“Loca Olivia” (o la importancia de los certámenes de cine)
Hace pocos días me comentaba un joven y exitoso director de series de televisión que en su opinión la mejor escuela para aprender a dirigir es rodar, montar y equivocarse, y volver a rodar, volver a montar y volver a equivocarse, y así sucesivas veces.

Ayer recordaba esas palabras después de visionar en un pase privado la película “Loca Olivia”, un proyecto ilusionante de las jóvenes creadoras Cristina Arana y Mariu Bárcena. Esta cinta ha sido rodada sin ningún tipo de ayuda ni subvención pública, habiéndose podido sacar adelante gracias al esfuerzo personal (y económico) de las propias Cris (productora y protagonista) y Mariu (guionista y directora), conla colaboración desinteresada de amigos y que gracias a actores de la categoría humana y profesional comoCarlos Bardem se ha podido llevar a buen puerto.

Rodada en menos de un mes, tiene el encanto y la frescura del cine independiente, ese cine que se hace por amor y devoción al séptimo arte y donde cada plano y secuencia es la plasmación de un impulso vital. Al terminar la proyección, Cristina y Mariu me comentaban que pese a las dificultades de producción y el trabajo ímprobo que han tenido que llevar a cabo para poder llevar a buen puerto la película (un producto realmente digno y meritorio), la parte que más complicada les estaba resultando es poder “enseñar” su trabajo.

Por un lado es normal que este tipo de trabajos dadas sus características no puedan tener una salida directa a las salas comerciales de cine, pero tampoco parece muy lógico que no pueda haber una ventana donde mostrarse con la cantidad de ayudas que se destinan a la cultura y al cine en particular.

Y es que para un desarrollo de una cultura cinematográfica de calidad, es importante cuidar la cantera y dar a los jóvenes creadores la oportunidad de rodary de mejorar. Indudablemente, una formapuede ser fomentando su trabajo mediante apoyos, ayudas y subvenciones. Pero eso sería una tarea incompleta, por no denominarla como frustrante, si su trabajo no puede ser exhibido. Porque todos los proyectos cinematográficos tienen como fin último ser mostrados al público.

Y ahí es cuando los festivales de cine pasan a jugar un papel fundamental. Son eventos que sin duda traen notoriedad a las poblaciones y si hubiera que monetizar las horas de publicidad internacional que acaparan en las televisiones de medio mundo las muestras de Cannes o Venecia, o sin ir más lejos el festival de hace pocas fechas celebrado en Málaga, sería una inversión brutal. Y es que los festivales de cine, a todos los niveles, no pueden ser considerados como un gasto, sino como una inversión. Inversión en talento, en creatividad, en cultura y, porque no, también en réditos económicos para la localidad, sin contar el trabajo y riqueza que a la larga produce el mundo del cine.

Así magníficos y meritorios productos como “Loca Olivia” podrían ser presentados en público, y poder mostrar a la industria las posibilidades de prometedoras profesionales como Cristina Arana y Mariu Bárcena, e incluso quien sabe quizás alguna plataforma de pago o algún distribuidor se arriesgaría a mover la película en determinados circuitos comerciales. Y por cierto, apunten este nombre; Paula Medina, una joven actriz jerezana que borda su interpretación en “Loca Olivia” y va a dar mucho pero que mucho que hablar en el panorama cinematográfico español.

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