inicio
 Líder en Prensa local de Madrid |  Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Recordarme   Entrar
    Lo olvidé   |   Registrarse
30/12/2008 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
Votar:  
Resultado: 0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos0,2 puntos   5 votos
Ver además...
Callejeando Madrid
Rocío y la casquería mediática
El Madrid terrible
Relecturas
Fidel Castro
Un mercado navideño en El Retiro, decidido en el Pleno
Muerte en la valla
Al matadero
La extraña pareja
Navidad irrecuperable
Sadam Hussein
Rostropovich y la interpretación
De antros: despedidas y reencuentros
La ópera: “centenariazo”
Jazzeando por Madrid
Bajo máscaras
Lecturas caribeñas
En el Copacabana con Gerardo Porto
Políticos de caza y pesca
Políticas de la imagen
La Duquesa Roja
Sudoku ministerial
Rehab
Nada es lo que parece
Madrid, rue de Varenne 77
Arde Madrid en paganías
Lenguas y endogamias
Desconcertante Winehouse
Demócratas y..., demócratas
Ingeniería de espejos
Zetapé, el fontanero
De Vinila a Adonis, poetas
Así va el mundo...
Gu(lag)tánamo
No me llames crisis, llámame Lola
Pasarela política fashion week
Francis Bacon en el Prado
Una de piratas
Alejandro Sawa
Coherencia, por favor
De muros y alambradas
Los caminos de Santiago
Bucaneros y poetas
AC-DC
El vaso que no se colma...
Justicia con caducidad: terrorista libre
ZP en Rodiezno
Tránsfugas, ética a muletas
La historia en bucle
Obama, Nobel de la ¿ilusión?
Alakrana
¿Piratería o mercado libre?
La crispación como instrumento
Los 50´s de Betty Page
Víctor Vázquez

Estados Unidos. Años 50. Los beatniks se disparan con alcohol y drogas por las enormes rectas de la ruta 66. Para curvas ya están las de Betty Page, chica playboy de 1955 y elegida por la revista como mito erótico del siglo. Lo suscribo, y entono el mea culpa, en estos días en los que ha inundado los obituarios de la prensa seria, porque al revisar todos mis artículos sólo he encontrado una referencia a la bella Betty, y además de refilón. ¡Mal, muy mal!

Al final, esa década terminó raro: Elvis pasó a la siguiente dispuesto a vestirse de raso y perder las caderas a base de ponerse ciego a huevos y medicamentos. Kerouac nos incendió para siempre las fugas con On the road: piedra angular de la literatura americana y recientemente publicada sin censuras y con los nombres reales. Ginsberg, con su Aullido, fue pater de los movimientos gays y hippies en los sesenta, además de amigo, increíblemente, de Camilo José Cela; y Burroughs murió de ancianito arrugado después de escribir Yonqui y de cargarse por el camino a su mujer jugando con armas en plena borrachera tratando de imitar a Guillermo Tell; un incidente que ha tenido replica ¿artística? estos días en una galería de Nueva York con el detalle de que en el papel de la víctima está representada la tan mediática Winehouse a tamaño real con un tiro en la cabeza y sobre un charco de sangre mientras la figura de Burroughs está sentada con la escopeta sobre las piernas. Su autor, Marco Perego, en The Times, no deja de tener algo de razón: “las estrellas de rock son los animales sacrificados de nuestra sociedad”. ¿Por qué no dejaran tranquila a esta chica, todos con el afán morboso de a ver cuándo revienta?

Pero qué fue de la rotunda Page después de ser descubierta por casualidad por las playas de California y de que Irving Klaw -con ayuda de su hermana- hiciera esas grabaciones que la convirtieron casi en religión, ¿he dicho casi?, con discípulas como Dita von Teese o la más lorquiana Vinila von Bismarck. Qué pasó, pasó…, pues pasó de sacerdotisa fetish, de los mundos bizarros, de acunar el burlesque, y del bondage en blanco y negro con flequillo turbador y ojos hechos de asesinos azules, a casarse de nuevo y desaparecer del sarao para terminar en una comunidad católica ultra-conservadora.

Ha muerto la dulce y mágica Page. Uno de sus secretos es que aún en las escenas más explícitas, no perdía ese lado tierno de felino que aún no es adulto pero te puede arrancar la cabeza de un zarpazo pues ya tiene fuerza pero no la controla. Delicada y salvaje -sangre cherokee por parte de madre-. Exquisita de imagen, sofisticada hasta cuando andaba desnuda y la pillaban por sorpresa entre tomas; pero ¡ay! la perfección, como si de un pacto faústico se tratara, tenía sus bromas pesadas: Betty abría la boca y asustaba con su acento de cateta provinciana que nunca pudo corregir y que anuló, antes de empezar, su carrera en el cine; algo parecido a lo que les ocurrió a muchas de las estrellas del cine mudo, un par de décadas antes, incapaces de adaptarse al sonido a pesar de hipnotizar a las cámaras con unos excesos interpretativos que con el cambio resultaban ridículos.

http://barboletta.blogspot.es

© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic