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03/12/2008 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Navidades, a pesar de todo
Pablo Sagastibelza

Según se acerca el mes de diciembre cada año crece mi deseo de escribir sobre las Navidades. No sé porqué pero son semanas que me gustan de manera particular, quizá por el sentido que todavía tienen de familia, de reencuentro, de ternura ante un Niño que nace desvalido. Sigue siendo paradigmático aquel “vuelve, a casa vuelve, por Navidad, hoy es Nochebuena, mañana Navidad” de El Almendro, que tanto éxito comercial ha tenido. Me contaban también hace poco, por ejemplo, que en Madrid se está poniendo de moda poner en los balcones una especie de colgaduras con la imagen del Niño Dios, de modo similar a como se cuelgan las palmas durante la Pascua. 

También es cierto que en una sociedad cada vez más paganizada todos esos signos no se quitan si no que se convierten en una especie de liturgia de la luz y la nieve. Baste recordar el experimento curioso del alcalde Gallardón de poner palabras más o menos dulces colgadas en medio de la Castellana, que más que provocar los buenos sentimientos del corazón, lo que hacían era aumentar las distracciones de los conductores que intentaban descifrar qué demonios ponía allí, y el sentido -escaso- que aquello tenía. O también las felicitaciones semipaganas de los organismos públicos, adornadas con todo tipo de velas y lazos o paisajes nevados deseando solidaridad entre los hombres y los pueblos. 

En cualquier caso, exceptuando a los escépticos descreídos, unos y otros entendemos que en estas fechas algo nace del fondo del alma que nos lleva a pensar que no vivimos solos, y que merece la pena admirar la bondad de los demás e incluso pensar en ellos. Es época de tarjetas de Navidad pro UNICEF, y las ONG's saben bien que deben explotar para sus nobles fines ese sentimiento imborrable del corazón del hombre. Todo sea bienvenido, aunque algunos intenten quitar lo trascendente de la fiesta, que en el fondo es lo mismo que asesinarla. El tiempo lo dirá. 

¿Y por qué digo “a pesar de todo”? Sencillamente porque hay actitudes y sucedidos en estas últimas semanas que bien merecerían un espacio para ellos solos, pero que se van a tener que conformar con unas líneas al hilo de la Navidad. 

A mi juicio, y empecemos por aquí, nada más lejos del espíritu navideño que la esperpéntica rueda de prensa de la presidenta Aguirre contando su desagradable encuentro con unos terroristas en la India. Ahorro detalles de la escena a los lectores, porque todos los conocen, y también -por si alguien dudara- profundizar en la idea común de rechazo a esos asesinos, que no merecen sino el peso de la justicia sobre sus cabezas. La cuestión es que no es nada solidario coger el primer avión para ponerse a salvo, y aterrizar con los micrófonos preparados mientras la mayor parte de la comitiva seguía en peligro. La presidenta tenía que haber sido la última en abandonar el barco, como el capitán del Titanic fue el que se hundió con la nave que estaba bajo su responsabilidad por quedarse a bordo hasta que el último de sus hombres estuviera a salvo. Los buenos deseos para todos son importantes, y también las buenas palabras, pero las obras siempre deben ir por delante, especialmente en Navidad. 

A pesar de todo es Navidad, también, por el no me-nos esperpéntico despilfarro del Gobier-no con la famosa cúpula de Barceló en la sede de la ONU en Ginebra. Veinte millones de euros jamás se pueden gastar en semejante proyecto, por mucho arte que sea. Y mucho menos se puede decir que ese dinero está invertido en promoción de los derechos humanos y el multilateralismo. El ministro Moratinos no se puede justificar en este asunto, e irse de rositas del Congreso, afirmando que se han aumentado las partidas presupuestarias para la cooperación al desarrollo. Poco tiene que ver esto (cosa muy buena) con el desembolso por decorar el Palacio de la ONU, que a todas luces es desproporcionado. La solidaridad real, tan cacareada en Navidades, se basa en hechos reales, como gastarse menos en fastos y lujos, y más en los que lo necesitan.

psagasti@nueve.org

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