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11/10/2012 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Políticos, esos artefactos...

He visto en televisión, y en otros sitios menos filtrados, las imágenes del centro de Madrid con la movida del 25-S. Parecen sacadas de lo más oscuro de una dictadura en las últimas, donde las partes apuran fuerzas para tomar posiciones antes del cambio de régimen. En esas andamos, con la diferencia de que esta vez es una transición hacia la nada y la esperanza de antaño se ha convertido en puro miedo a la indigencia. Nadie había hablado de asaltar el Congreso, pero basta para que le pongan vallas, que empiezan las ganas de saltárselas y mantenerle caliente el escaño a Rajoy mientras se fuma un puro por Nueva York.

Han salido los diputados escoltados, pero a lo cutre. Nada que ver con De la Rúa huyendo en helicóptero de la Casa Rosada en diciembre del 2001. Eso sí que fue un gran cabreo. Yo me imagino a Mariano teniendo que montar otra vez bajo aspas, después del medio accidente que tuvo con Aguirre, y lo veo con la barba erizada como si hubiera visto meigas. No me desagrada la idea a pesar de que tampoco es tan importante finiquitar la legislatura y que haya elecciones a día de hoy, teniendo en cuenta que no hay a quién coño votar.

Nadie niega que haya habido impresentables que han ido a liarla por parte de los manifestantes. Qué les juzguen. Ocurre también con el fútbol y no se criminaliza a toda la afición. Lo que resulta indecente es ver a la policía de caza, entrando en la estación de Atocha y dando palo por el único hecho de estar por allí, esto es, por ser un ciudadano de esos a los que en teoría tienen que defender. Y vergonzoso ver a los vigilantes de seguridad contratados por RENFE dando puntilla a porrazos, a rebufo de los antidisturbios, en una segunda línea de desahogo, como si olieran la sangre y les volviera a la cabeza su trauma de policías frustrados y aquellos psicotécnicos que nunca superaron y que no servían para nada con lo que ellos valían. El mundo al revés. ¿Cabreados?, sólo jodería no estarlo, y como dice Lucía Méndez: “parece mentira que sólo se manifiesten 6.000 y no 600.000.”

El gobierno está utilizando a las Fuerzas de Seguridad del Estado para un objetivo viciado, para guardar su ranchito mientras el Ministro de Interior, que ya apuntaba maneras desde el principio, mete látigo a sus hordas de leguleyos para tratar de retomar, aunque camufladas, todas esas leyes de vagos y maleantes donde tres son multitud y además están conspirando. Ya se encargarán los tertulianos de tele en tele, de radio en radio y de oca en oca de tunearlo en democracia.

Los políticos son esos “artefactos”, por usar un término de Larra, que nos dicen lo que tenemos que hacer mientras ellos no lo hacen y además se lo llevan crudo a manos llenas con entramados dignos de la mafia; el resto de la tropa somos las caras borrosas que ven desde la ventanilla del coche oficial como quien mira las mierdas de los pájaros en el parabrisas.

barboletta2004@yahoo.es









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