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02/09/2009 - Juan Julián Elola Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Aunque los malos momentos económicos no parecen los más adecuados para las mejoras sociales, es precisamente cuando más necesarias se hacen las políticas que protejan a las mayorías, afectadas por las malas circunstancias. En el actual escenario, es de alabar la intención de la administración de Obama de implantar una sanidad que atienda a la mayor parte de la población, especialmente a amplios colectivos de americanos sin cobertura sanitaria. 

La administración americana va a tener al fin valor para abordar el problema de que la mayoría de sus ciudadanos no gocen de un seguro de asistencia sanitaria. Conlleva que siguen teniendo que pagar sus servicios médicos, y son frecuentes la quiebra económica familiar ante enfermedades graves e, incluso, fallecimientos por desatención sanitaria debida a la falta de recursos financieros de los enfermos. Este hecho, incomprensible en el entorno europeo, es habitual en los Estados Unidos y se ha convertido en un reto para el nuevo presidente demócrata, Obama. Muchas zonas de la nación más poderosa del mundo tienen las mismas tasas de vacunación infantil que países tercermundistas, por poner un ejemplo manifiesto de desatención sanitaria.

De inmediato saltan voces anunciando el coste financiero para los contribuyentes, sin valorar la necesidad, incluso urgencia social, que exige que un país desarrollado  no debe consentir que existan enfermos crónicos sin tratamiento por lo caro que es para un enfermo costearse una cobertura sanitaria adecuada. Y los enfermos son también ‘contribuyentes’. Provienen los ecos de protesta de los tahúres de la economía. No quisieron ver los problemas que estaba generando un mercado sin ningún tipo de control y jugaron a especular, subiendo los precios de manera progresiva, pero quieren seguir ejerciendo su papel de profetas, posiblemente para poder mantener ese juego.

Sin embargo, la sanidad estadounidense le resulta actualmente muy cara a cada ciudadano. Mucho más que los sistemas sanitarios europeos, que además, presentan en general una mayor calidad y equidad y cobijan a la casi totalidad de la población. Por tanto, la actuación del presidente Obama está plenamente justificada, no sólo socialmente, sino también desde el punto de vista económico.

Parece además que esta actuación en Estados Unidos va a ser sólo un ejemplo más que sirva para distinguir esta crisis de otras que, aunque parecidas, han tenido escenarios y efectos muy diferentes. Ahora que comenzamos a vislumbrar la posibilidad de salida, podemos felicitarnos de que tampoco Europa ha cedido a las habituales medidas de reducción de políticas sociales, empeoramiento de las condiciones de trabajo y flexibilización del empleo (realmente lo que se flexibiliza es el despido) que disminuyen  la prosperidad de la mayoría de la población puesto que, en definitiva, sólo unos pocos no son trabajadores.

Este es el motivo aparente de que, en nuestro país, a los empresarios les hayan entrado las prisas por negociar una reforma laboral lo antes posible, para poder utilizar aún la crisis como elemento condicionante del acuerdo que refuerce sus peticiones. También hay emisarios que claman por la disminución de lo que llaman la ‘factura sanitaria’, que entrañaría la disminución de calidad del sistema. Es ocasión de mirar a Estados Unidos para afianzarnos en no admitir recortes excusados por la crisis, y asumir que lo que necesitan los trabajadores españoles es que se garanticen sus puestos de trabajo, no precarizar más los de futuras generaciones de empleados.

Diputado por Madrid en Las Cortes Generales VIII Legislatura
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