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15/02/2008 - Jorge Bustos Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Sin zeta no hay paraíso
Jorge Bustos

Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría, escribió la francesa George Sand cuando amaba al polaco Chopin en una lúgubre habitación de Mallorca. Hoy en Mallorca se propugna menos el amor que la silicona, porque ya se sabe que sin tetas no hay paraíso del mismo modo que sin zeta no hay subvención. Esto lo tienen claro los goyescos orgánicos, que habrán leído a George Sand y por eso sonríen con el garfio sobre el ojo conscientes de que las encuestas han puesto a Rajoy tan cerca de Rodríguez que la alegría canónica puede devenir tristeza sin canon el diez de marzo. La felicidad, para Aristóteles, estaba en la virtud, que es el justo medio. Para un progresista de veras, como el ministro Bermejo, la felicidad está también en el justo medio: en un ático de 220 metros cuadrados en el justo medio de Madrid. ¡Ah, el socialismo! Ruano, que escribía hasta seis artículos diarios, se quejaba de lo caro que resultaba en España vivir como un pobre: sin obligaciones. Ahora, asomado en batín de satén a la balaustrada de su terraza, Bermejo podrá por fin ejercer de rojo cabal. 

Decía Wilde que él nunca leía un libro que tuviera que reseñar por la sencilla razón de que no quería que el libro le influyera. Pepiño Blanco piensa en esto muy parecido a Wilde, aunque él no deja que le influya libro alguno, tenga o no que reseñarlo, salvo la Fenomenología del espíritu de Hegel. En su blog ‘heterodosso’, Blanco delata la estructura dialéctica que sustenta su pensamiento al afirmar que, frente a una mirada positiva y optimista, el PP representa una involución ideológica pesimista y negativa. Dónde sino en Hegel habrá aprendido Pepiño a oponer, con impecable simetría sintagmática, ‘concetos' de tanta prosopopeya, que hasta parece universitario. 

Una campaña electoral es una futurización del presente, es decir, una utopía. El presente real se colapsa, hipotecado al esfuerzo propagandístico que persigue un determinado resultado electoral. A los lectores de Benedetti -que es a la poesía lo que Pepiño a la filosofía política- les gustará aquel aforismo stevensoniano que reza: "Mejor es caminar con esperanza que llegar"; pero nadie camina esperanzado si sabe que le aguarda un destino funesto. La dicotomía progreso frente a conservadurismo sigue modelando las campañas, pero ya sólo convence a los simples. Un mitin o un eslogan presupone la estulticia constitutiva de la plebe electora; desafortunadamente, es un hecho que luego van y resultan, lo cual no deja en buen lugar a la democracia y menos a la sociedad. Los más listos, en todo caso, se gastarán sus 400 euros en el fútbol o en un buen concierto y no en una película goyesca. El paraíso es una utopía ultraterrena, según quiere el catecismo del progreso, que no puede creer en la inmortalidad de las ánimas sino sólo en la de los euros, que es la utopía terrenal de un buen número de mileuristas españoles pero no del ministro Bermejo, para quien el paraíso adquiere una consistencia perfectamente física en un ático madrileño.

Fue un catedrático socialista, Julián Besteiro, quien durante un examen oral en la universidad de los años 20 preguntó al entonces alumno Dámaso Alonso sobre los juicios sintéticos a priori. Dámaso se excusó, pareciéndole muy abstrusa la materia, y Besteiro no tuvo problema en cambiarle la pregunta y poner finalmente a su alumno un sobresaliente. ¡Imaginen a la ministra Cabrera preguntando sobre el imperativo categórico a los oligofrénicos tribales que en una universidad gallega pujaron por echarse a las fauces la carne valiente de María San Gil! Si no fueran pobres analfabetos serían sólo nuevos hijos de la ira. Uno comprende bien que los comediantes del garfio trincón y los educandos de la ciudadanía manifiesten sin rebozo su condición de prosélitos de Rodríguez. Lo malo es que su talento no resista parangón con apenas ningún artista o alumno del franquismo. Del 27 sólo vale Lorca, se conoce que por ser andaluz. Como Maleni.
 

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