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30/10/2013 - Alfonso Tezanos Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Supervivencia y futuro de las organizaciones empresariales

La tradición nos enseña que para que nada cambie y todo siga igual hay que cambiar algo. Antes de Lampedusa fue Maquiavelo y mucho antes que ellos los sofistas quienes nos marcaron el camino del cinismo humano. Somos herederos de la tradición y por ello nos encontramos cómodos repitiendo estándares que a lo largo de la historia han edificado en mármol el corpus moral de nuestra existencia, la sintaxis de nuestro comportamiento.

En el mundo empresarial también se repiten comportamientos intergeneracionales que han acabado convertidos en tópicos, como señas de identidad de la actividad empresarial que han perdurado en el tiempo. Es hora de que seamos capaces  de tratar de diluirlos en su propia inconsistencia argumental.

¿Qué es ser un gestor empresarial? ¿Qué significa representar a los empresarios? ¿Qué ética debe de adornar su comportamiento? ¿Tiene vigencia hoy su desempeño?

No es fácil contestar a estas preguntas ya que dicha actividad no es, humildemente, cualquier cosa. Trataré de explicarme.
En un dirigente empresarial se han de reunir varias y muy marcadas características, empezando por el adecuado conocimiento del medio empresarial, en nuestro caso comercial y, además, debe saber moverse entre las realidades fronterizas que acompañan y, en la mayoría de los casos, condicionan su actividad, es decir, el medio político e institucional, importantísimo en época de lindes extremadamente porosos en donde parece estar todo mezclado desordenadamente. El sector institucional-me gusta llamarlo así, ya que se trata de un sector más, como el industrial, el financiero o el cultural…- es quien elabora el marco estructural que conforma la atmósfera en la que respiran nuestros proyectos económicos y profesionales. De ahí la importancia que  tiene la calidad del aire que nos rodea y la responsabilidad que tenemos los representantes empresariales  por controlar sus niveles de toxicidad.

A mi modesto entender la supervivencia y futuro de las organizaciones empresariales pasa por lo que podríamos denominar como la revolución del contenido y de la verificación. El gran periodista francés de investigación Edwin Plenel nos marca una línea a seguir, la de la verificación; yo añado: Todo representante / gestor empresarial debe someterse a estos tres puntos básicos y precisos:

1) Lealtad a los empresarios que representa.
2) Obligación de la búsqueda de la verdad empresarial de forma razonable, legal, independiente, sin intromisiones invasivas, aunque siempre con un ánimo colaborador sincero entre todas las instituciones políticas y empresariales.
3) A mi juicio el más importante: Disciplina de la verificación, es decir, someter por nuestra parte a exhaustivo análisis la actuación de todas las políticas empresariales y comerciales que emanan de las administraciones.

Si bien empezaba este artículo refiriéndome a un clásico de la literatura como El Gatopardo, en donde se plasma con gran belleza la decadencia de una época y los intentos de mantener cínicamente una forma de vida condenada al fracaso, quiero concluir con un mensaje optimista y contrario al texto lampedusiano: Verificad, verificad para que algo cambie.









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