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05/04/2010 - Víctor Núñez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Víctor Núñez

No puedo entender la contumaz y cerril resistencia por parte de nuestra sociedad, en general, y la mayoría de las empresas en particular, a los cambios. Las nuevas tecnologías hoy permitirían sin el mayor problema que una gran parte de los trabajos de oficina se hicieran desde casa. Sin embargo, ni políticos ni empresarios quieren dar el valiente paso que revolucionaría el mundo del trabajo. Con un simple teléfono móvil y una conexión a Internet,  administrativos, contables, comerciales, periodistas, y así un largo etcétera de profesiones podrían hacer la mayor parte del trabajo desde su casa utilizando las oficinas sólo cuando sea necesario. El ahorro de costes para la empresa, el trabajador y la salud pública sería altísimo. Ahorro económico y aumento de la productividad vía mayor motivación y bienestar mental para los trabajadores.

Los detractores hablan de falta de control sobre los trabajadores y de problemas de comunicación entre la empresa y empleados y entre los propios empleados. Sinceramente, creo que tras estos miedos sólo existe una cultura laboral basada en el número de horas trabajadas y no en la productividad y el rendimiento de los trabajadores. Esta cultura provoca que España sea de los países de nuestro entorno donde se trabaja más horas y, sin embargo, el rendimiento por trabajador sea de los más bajos de la Unión.

Calentar la silla versus trabajar por resultados, esta es la gran cuestión. ¿Qué hacen millones de ciudadanos levantándose a la misma hora bajo el estrépito de un despertador? ¿Qué sentido tiene que miles de conductores luchen cada mañana contra el insufrible tráfico o apretujados en el transporte público pudiendo estar trabajando en pijama desde sus casas? Parece que a la triada formada por Administraciones públicas, vía impuestos sobre la gasolina y vehículos; fabricantes de coches, vía renovación de vehículos por el desgaste; y petroleras, vía beneficios salvajes a través de venta de combustible durante los atascos; no le hace ninguna gracia que la gente deje de quemar gasolina y los nervios en los malditos atascos.

Ya se puede empeñar nuestro alcalde en soterrar Madrid entero (‘de Madrid al suelo’), que mientras no se reduzca el número de personas que tienen que desplazarse todas las mañanas a sus centros de trabajos y volver a sus casas por las tardes en sus coches y en el transporte público (eso de que el ‘Metro de Madrid vuela’ sólo es un bonito eslogan) los problemas generados no se reducirán. En la Unión Europea ya lo hacen una media del 13% de los trabajadores frente al ridículo 4,9% de España. En los países nórdicos se roza el 20% de la población activa. Con alcanzar esta cifra hay estudios que aseguran que la productividad aumentaría un 15%, además de reducirse los atascos, la contaminación, el consumo de ansiolíticos y, seguramente, acabaríamos también con otros males relacionados con esta sociedad enloquecida y frenética. Claro, que más de uno se vería obligado a aguantar a su pariente/a y a los niños en su casa, se le acabarían los interminables cafelitos, los mamoneos y compadreos con los compañeros y algunos hasta tendrían que currar.

www.desmanagement.wordpress.com

 

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