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06/06/2016 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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España celebra el tercer centenario del marino y gran científico español Antonio de Ulloa
Hijo del espíritu ilustrado del XVIII, pasó a la posteridad por descubrir el platino

España no siempre reconoce el mérito de tantos antepasados que contribuyeron a la  forja de nuestro país, y cuando lo hace, parece acordarse sólo de aquellos que pasaron a la Historia por la conquista de grandes imperios, en demérito de aquellos otros que labraron su fortuna poniendo su inteligencia al servicio de la patria.

Es el caso de numerosos marinos, de los cuales sin duda, Antonio de Ulloa fue pionero, que llevados del espíritu ilustrado de la época, además del ejercicio de las armas, se emplearon en elevar el nivel cultural y científico de nuestro país. Lamentablemente, una parte de ellos encontraron luego su tumba en las aguas de Trafalgar, frente a los ingleses. La posterior Guerra de Independencia y las turbulencias del siglo XIX malograrían buena parte de los esfuerzos de aquella generación de marinos ilustres.

El pasado 17 de enero, se cumplió el tercer centenario del nacimiento del almirante Don Antonio de Ulloa de la Torre – Guiral –en 1.716-, en Sevilla, en una casa de la calle que lleva su nombre, y en donde se conserva una placa que se le colocó, en el segundo centenario de su muerte, por el Cabildo de la ciudad hispalense, que le  reconocía, así, como sevillano universal.

No es para menos, observando su brillante carrera científica, que le encumbró como hombre de Ciencia reconocido en toda Europa, pero sobre todo, como puente entre dos mundos: Europa e Hispanoamérica.

No resulta extraño que su nacimiento tuviera lugar apenas tres días antes que los de otro gran ilustrado, el Rey Carlos III que, por tanto, también cumple este año su tercer centenario.

Hijo de un destacado economista, Bernardo de Ulloa, y hermano (Fernando) de quien habría de ser ingeniero jefe de las obras del Canal de Castilla, embarcó a la temprana edad de trece años, en el galeón San Luís, en Cádiz, con rumbo a Cartagena de Indias (actual Colombia). Al cabo de dos años, regresó a la Tacita de Plata, para ingresar en la Real Academia de Guardiamarinas de la Armada española, en 1.733.

En 1.735, ya como teniente de fragata, fue destinado junto con su colega el también marino Jorge Juan y Santacilia, a la Misión Geodésica Francesa, expedición científica dirigida por Pierre Bouguer y La Condamine, y patrocinada por la Academia de Ciencias de Francia, para medir el arco meridiano cerca de la ciudad ecuatoriana de Quito. El entonces Rey de España Felipe V autorizó dicha expedición, con la condición de que incorporara a ambos marinos españoles.

Los detalles de la expedición fueron recogidos por el propio Ulloa y su compañero Jorge Juan, en la obra Relación histórica del viaje hecho de orden de su Majestad a la América Meridional y Observaciones astronómicas y físicas hechas en los Reinos del Perú, con una prolija descripción de paisajes y noticias del Virreinato del Perú; así como con profusión de mapas, y que fue traducida a casi todas las lenguas europeas. En dicha obra se narran las vicisitudes, que bien puede calificarse de proeza, de atravesar la selva entre Perú y Ecuador, con toda la impedimenta de los instrumentos necesarios para la misión que se les había encomendado.

Fue precisamente en este viaje, cuando Ulloa descubrió el platino, en Esmeraldas (Ecuador), un metal tan duro que no sufría los efectos de la calcinación, pero que los mineros en busca de oro despreciaban por su aparente escaso valor. Sin embargo, Ulloa sí supo apreciar sus propiedades. Redescubrió para Europa el valor del platino como un elemento químico diferenciado, que lo hacía incluso más valioso que el mismo oro.

Antes de regresar a España, participó en la revisión de las defensas de los puertos de El Callao y de la costa chilena. De vuelta a España, en la fragata francesa Deliverance, el mal tiempo y las averías separaron a su navío del resto de la flota, siendo apresado por corsarios ingleses y conducido a Londres. Allí, sin embargo, en vez de ser encarcelado, fue presentado al Presidente de la Royal Society, Martin Foldes, quien le propuso como miembro de esta prestigiosa institución. Ulloa permanecería en Londres durante once años, adquiriendo renombre por su autoridad y conocimientos, al tiempo que absorbía los avances que se estaban experimentando en Inglaterra.

Regresa a España, tras la muerte de Felipe V y recién entronizado su hermano Fernando VI, obteniendo los galones de capitán de navío y recibiendo el encargo de recorrer las cortes europeas, para conocer los últimos avances científicos. Así, recorre el continente, siendo admitido como miembro de la Real Academia de las Ciencias de Suecia; la Academia Prusiana de las Ciencias o Academia de Berlín, y correspondiente de la Real Academia de Ciencias de París.

Pero al mismo tiempo, hay que destacar su labor fundadora, en concreto, del Estudio y Gabinete de Historia Natural, antecesor del Real Gabinete de Historia Natural –lo que hoy se conoce como Museo Nacional de Ciencias Naturales-; del Observatorio Astronómico de Cádiz, y del primer laboratorio de metalurgia español.

Vuelve a América, esta vez, como Gobernador de Huancavelica (Virreinato del Perú) y superintendente de las minas de mercurio de la zona. Allí estudio el modo de aumentar la producción de las minas, para obtener el mercurio necesario para amalgamar la plata.

Nombrado luego contraalmirante, renuncia a sus cargos, estableciéndose en La Habana (1.764), donde espera nuevo destino. Durante su estancia en la isla caribeña, aprovechó para estudiar las deficientes comunicaciones postales entre España y el Perú, escribiendo el tratado Modo de facilitar los Correos de España con el Reyno del Perú. Hasta entonces, la correspondencia se centralizaba desde La Coruña, vía La Habana, que la reenviaba a su vez a todos los territorios españoles de América. Siguiendo sus consejos, a partir de 1.767, se abrió una nueva línea postal que unía La Coruña con Buenos Aires.

Su siguiente destino fue La Luisiana, territorio cedido por Francia a España, para compensar a nuestro país por las pérdidas sufridas frente al Reino Unido, tras la Guerra de los Siete Años, en la que nuestro país participó por nuestros compromisos con el país vecino por el Pacto de Familia –de la dinastía de los Borbones-, y que tantos perjuicios habría de causarnos. Ulloa tomó posesión como gobernador del nuevo e inmenso territorio, que ocupaba buena parte de los actuales Estados Unidos, el 5 de marzo de 1.766, aunque hubo de enfrentar las reticencias de la población local, de origen francés, ante medidas como la restricción del comercio a seis puertos peninsulares, o la prohibición del comercio de armas con los indios.

Fue precisamente en la Luisiana, donde quien fuera comendador de Ocaña y vistiera el hábito de Santiago, contrajo matrimonio con la dama limeña Francisca Melchora Rosa Ramírez de Laredo y Encalada, hija del conde de San Javier y Casa Laredo, con quien tuvo seis hijos.

De 1.776 a 1.778, participó en la organización de la flota del Virreinato de Nueva España –lo que hoy es Méjico y buena parte del sur de los Estados Unidos-; así como la creación de un astillero en Veracruz, comandando la última gran flota de Cádiz a América.

En su carrera militar, sin embargo, no fue tan afortunado, aunque en 1.779, alcanzó el grado de teniente general. Participó como comandante de la Flota de Azores, en el fallido Gran Sitio de Gibraltar (1.779 y 1.780), y fracasó en el intento de reconquista de la Florida –perdida tras la Guerra de los Siete Años, frente a Inglaterra, lo que le llevó a un juicio militar, en el que resultó exonerado de toda culpa. Sin embargo, le fueron retiradas todas las responsabilidades para el mando. A continuación, se le nombró Director General de la Armada española, cargo que desempeñó hasta su muerte, en 1.795.

Jesús Caraballo









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