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19/03/2016 - Alberto G. Ibáñez Doctor en Derecho y Ciencias de las Religiones Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Hechos diferenciales de España:La carencia de un verdadero panteón de personajes ilustres.
En la Abadía de Westminster cobran alrededor de 30 libras (¡!) por visitar la Iglesia más importante del Reino Unido donde “al mismo tiempo” están enterrados sus grandes héroes, reyes, militares, científicos, filósofos y artistas.

¿Se han preguntado alguna vez por qué la capital de España no cuenta con un Panteón de Personajes Ilustres merecedor de tal nombre? El que hace las veces de tal es el antiguo Convento de Nuestra señora de Atocha, reducido a algunos políticos relevantes del siglo XIX y que ni siquiera gran parte de los madrileños saben dónde está.
 
Cuando uno va a París y visita Les Invalides, como parada turística obligada, se entera, como quien no quiere la cosa y en unas pocas horas, de la historia de Francia, al menos de la que nos quieren contar, aunque en él se honre a un personaje tan polémico y vidrioso como Napoleón, el cual acabó con la Revolución francesa, coronándose a sí mismo emperador. No encontraremos trazas sin embargo de esta polémica.
 
El caso de Londres resulta todavía más llamativo. En la Abadía de Westminster cobran alrededor de 30 libras (¡!) por visitar la Iglesia más importante del Reino Unido donde “al mismo tiempo” están enterrados sus grandes héroes, reyes, militares, científicos, filósofos y artistas. Hay largas colas para entrar a pesar del precio. Es allí también donde se coronan a los reyes todavía hoy, uniendo de esta manera presente con lo mejor de su pasado. No importa si se encuentran “físicamente” siempre los restos de todos ellos, basta en su caso una estatua o una lápida recordatoria, desde Newton a Darwin hasta los más modernos. La audioguía se incluye en el (alto) precio de la entrada. Se consigue de esta manera que el visitante quede impresionado al tiempo que se lleva un recuerdo imborrable a la mayor gloria (real o exagerada) de la Gran Bretaña. Incluso se permiten honrar a todos aquellos que sirvieron a la corona en los territorios coloniales del extinto Imperio. ¿Se imaginan algo así aquí? ¡Imposible!
 

En todo caso, con independencia de lo que se piense de estas iniciativas resulta indudable que se son un buen reclamo para toda ciudad que no renuncie de antemano a vivir, al menos en parte, del turismo. Aquí en Madrid ha sido imposible. ¿Por qué?
 
Y sin embargo…, la historia podría haber sido bien distinta. En 1807, Manuel José Quintana (1772-1857), siguiendo una idea de José Cadalso y Vázquez de Andrade (1741-1782), escribió la primera parte de las Vidas de españoles célebres, en una época en la que España y los españoles sabían todavía lo que querían ser de mayores. Esta obra incluye biografías desde el Cid a Bartolomé de las Casas. Anteriormente, en 1788, Floridablanca había impulsado la elaboración de una serie de retratos de españoles ilustres (que luego continuó Godoy): Lanuza, Carranza, Patiño, Feijoo, Jorge Juan, Ulloa y un largo etcétera. Prueben ustedes a ir a una escuela y recomendar su uso para la asignatura “Educación para la ciudadanía” y verán lo que les responden: que la memoria histórica que une no interesa.
 
Pero es más, Carlos III (1716-1778) diseñó la actual Basílica de S. Francisco el Grande ―edificio magnífico que cuenta con la tercera cúpula más grande de la cristiandad― para ser Panteón Nacional. Más tarde, las Cortes Generales así lo refrendaron y aprobaron en 1837, aunque no fue hasta 1869 cuando pudo llevarse dicha iniciativa a la práctica. La lista de personajes propuesta era bastante acertada, incluía desde Don Pelayo y el Cid hasta Luis Vives, Juan de Herrera, Cervantes, Jovellanos o Goya. Pero finalmente quedó muy reducida porque decidieron incluir solo a aquellos cuyos restos estuvieran identificados, dando así muestra de una honradez un tanto quijotesca. Como resultado, solo pudieron ocupar una modesta capilla del majestuoso edificio los restos de unos pocos durante unos pocos años. En concreto desde 1869 a 1874 allí reposaron los restos mortales, entre otros, de Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Gonzalo Fernández de Córdoba. Después fueron devueltos a sus lugares de origen. Se trata de uno de los misterios de nuestra Historia sin resolver, y que solo cabe atribuir a la torpeza o a intereses algo oscuros. Téngase en cuenta que entonces en España ni siquiera había separatistas.
 
Hoy la Basílica, que cuenta también con museo, está regentada por la Orden de los padres franciscanos. ¿Debe renunciarse por ello a la posibilidad de utilizarlo como Panteón? Pues no necesariamente. Jurídicamente depende de la Obra Pía de los Santos Lugares, que según el art. 3 de la Ley 15/2014, de 16 de septiembre: “es una entidad estatal de derecho público, sin fines de lucro, de las previstas en el artículo 2.1.g) de la Ley 47/2003, de 26 de noviembre, General Presupuestaria, integrante del sector público administrativo y adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación a través de la Subsecretaría. Tiene personalidad jurídica y patrimonio propio y plena capacidad de obrar para el cumplimiento de sus fines”.
 
Por otra parte, como hemos visto los británicos han conseguido aunar servicio religioso y honra a sus hombres y mujeres ilustres, por lo que no habría tampoco problema desde este punto de vista. La otra ventaja es que este edifico se encuentra cerca del eje turístico formado por el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, cuya capilla románica funciona asimismo hoy como panteón, pero sin un claro criterio. De hecho existió en 1801 un proyecto urbanístico Silvestre Pérez y Martínez, discípulo de Ventura Rodriguez, que unía con un largo viaducto rodeado de estatuas la Basílica de San Francisco el Grande con el entorno de Palacio Real.
 
Por supuesto, también queda la opción de reformar el actual Panteón de Atocha y dotarle de mayor contenido y visibilidad. Pero lo que no podemos hacer es conformarnos con la situación actual. De hecho, cabe afirmar que nuestra decadencia comenzó cuando nuestros reyes dejaron de prestar la debida atención al modo de seleccionar sus máximos dirigentes, consejeros y asesores. Es decir, cuando ya no se rodearon de los mejores. Y esta cierta alergia a la grandeza proviene de haber renunciado a saber honrar debidamente a los que han sido grandes en nuestra Historia, de los que España tenemos unos cuantos solo que los ocultamos a propios y extraños, mientras otras naciones incluso se inventan la historia para alabar a los suyos. ¿Por qué será esta diferencia mis queridos ingenuos?

Comentarios: 1
Hegel Forever dijo el 21/03/2016 a las 10:15h.
Quiero transmitir mi agradecimiento al autor por la calidad de su certero análisis. Efectivamente, la ausencia de referentes históricos y humanos en nuestra sociedad, o al menos, que sean merecedores del tributo que se les debe rendir es un síntoma más de nuestro desapego y desinterés. Y resulta increible que nuestros gobernantes, por su acción o por su omisión, acentúen cada día más este desinterés. Los paganos serán los que nos sucederán. Carecerán de cualquier referente. Lo siento. Y gracias por la reflexión del autor. Hacía falta.    Avisar al moderador








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