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08/04/2015 - Jesús Caraballo Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Llegada a Filipinas de la expedición de Legazpi-Urdaneta en 1565.
450 aniversario de la expedición de Legazpi a las Filipinas
El guipuzcoano fundó la ciudad de Manila

En 2015, se cumple el 450 aniversario de la expedición de Legazpi a las islas Filipinas, que llevaría aparejada la fundación de las ciudades de Cebú y Manila, así como de la ocupación efectiva del archipiélago filipino para la Corona de España, después de su descubrimiento en el primer viaje alrededor del mundo, a cargo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. La expedición de Legazpi, con el apoyo del fraile agustino Andrés de Urdaneta, significó también el descubrimiento del tornaviaje y la ruta que habría de conectar durante los siglos siguientes México y Filipinas. Una aventura que, como se verá, está plagada de nombres vascos.

Miguel López de Legazpi era natural de la localidad guipuzcoana de Zumárraga, donde aún se conserva su casa natal, la Jauregi Jaundia –palacio grande, en vascuence-, también conocida como Miguel López de Legazpi dorretxea, o Casa Torre Legazpi. Se cree que nació entre 1.502 y 1.505. Hidalgo, perteneciente a la pequeña nobleza guipuzcoana, su padre había servido a la Corona de Castilla, luchando en Italia y Navarra. Tras realizar estudios de letrado, Legazpi accedió al cargo de concejal, en el Ayuntamiento de Zumárraga, en 1.526, y un año después, al de escribano de la Alcaldía Mayor de Areria –Guipúzcoa-, sustituyendo en este puesto a su padre, tras su muerte.
 
En 1.545, se traslada a México, donde vivió durante 20 años, labrando una gran fortuna y alcanzando notoriedad, primero como Escribano Mayor, en 1.551, y luego como Alcalde Mayor de la Ciudad de México, en 1.559. Allí se casó con Isabel Garcés, hermana del obispo de Tlaxcala Julián Garcés, con la que tuvo nueve hijos.
 
Sin embargo, México se le quedaba pequeño a Legazpi y nuevos horizontes se abrían a sus ansias de aventura. Magallanes y Elcano habían descubierto, en el transcurso de la primera vuelta al mundo que protagonizaron, el archipiélago de las Filipinas, llamadas así por Villalobos, en honor al entonces príncipe y luego rey Felipe II. Las islas, de acuerdo con el Tratado de Tordesillas (1.494), caían dentro de la esfera de influencia de los portugueses, sin embargo, éstos habían expulsado antes a los españoles de las Molucas, por lo que Felipe II no renunciaba a afianzar su presencia en las Filipinas. Para ello, resultaba vital encontrar el tornaviaje, la ruta de regreso desde el Pacífico o Gran Golfo, como se le conocía entonces, a México.
 
El Rey encomendó esa tarea a Luís de Velasco, segundo Virrey de Nueva España, y al fraile agustino Andrés de Urdaneta, pariente de Legapzi y que se sumaría a la expedición en calidad de cosmógrafo. Fue Urdaneta el auténtico descubridor de la ruta del tornaviaje, que habría de unir durante los siguientes siglos las Filipinas y el resto de posesiones españolas en el Pacífico, que durante largo tiempo fue considerado el mar español, con México. También fue Urdaneta quien propuso al Rey Felipe II a Legazpi, para encabezar la expedición, cosa que hizo en calidad de Almirante –pese a no ser marino-, general y gobernador de los nuevos territorios.
 
Después de enviudar, Legazpi vendió todas sus posesiones, excepto su casa en la ciudad de México, para poder sufragar la flota, compuesta por cinco naves, y en la que Urdaneta participó como piloto. También se sumaron Felipe Salcedo, nieto del descubridor, y Martín de Goiti, como capitán de artillería.
Tras diversas vicisitudes y retrasos, por la atracción que en ese momento ejercía la Florida sobre los colonos mejicanos, y después de recibir instrucciones –en las que se recomienda dispensar buen trato a los nativos-, por parte del presidente y oidores de la Real Audiencia de México, la expedición parte del puerto de Barra de Navidad (Jalisco), el 21 de noviembre de 1.564, con cinco naves y 350 hombres.
Tras una travesía de 93 días y de tomar posesión para España del archipiélago de las Marianas y de la isla de Guam, también conocida como isla de los Ladrones, el 15 de enero de 1.565, la flota toca tierra en las Filipinas, en concreto, en la isla de Samar. El Alferez Mayor Andrés de Ibarra toma posesión de la misma, tras pactar la paz con el dirigente local. Las siguientes escalas son Leite y el puerto de Carvallán. Así, se va afianzando el dominio español de gran parte del archipiélago, salvo Mindanao y las islas de Sulú, gracias a los enfrentamientos entre sí de los nativos de las diferentes islas, y a los tratados de amistad establecidos mediante “pactos de sangre” por Legazpi con distintos caudillos. En algún lugar, sin embargo, los españoles encontraron resistencia, a causa de la mala experiencia que dejaron anteriormente algunos navegantes portugueses entre la población nativa, sin embargo, en general, prevaleció la política diplomática por la que apostó Legazpi con los dirigentes locales.
 
No fue el caso con el Rajah Tupas, hijo del cacique que años atrás, en un banquete trampa, acabó con la vida de 30 hombres de la expedición de Magallanes. Legazpi apostó, una vez más, por las negociaciones de paz, pero la respuesta de Tupas fue el envío de una fuerza de 2.500 hombres contra los españoles. Tras dos batallas en que los nativos fueron derrotados, Legazpi intentó de nuevo alcanzar la paz, pero fue rechazado. Entonces desembarcaron los españoles, en tres bateles, al mando de Goiti y Juan de la Isla, poniendo en fuga a las fuerzas de Tupas y tomando posesión del territorio. Legazpi recibió al rey Tupas, en su barco La Capitana, sellando la paz con un juramento de sangre.
 
Entonces Legazpi funda los primeros asentamientos españoles, la Villa del Santísimo Nombre de Jesús y la Villa de San Miguel, actualmente Ciudad de Cebú, que nombró como capital de las Filipinas y base de partida de la conquista del resto del archipiélago.
El Rey Felipe II estaba firmemente determinado a conservar las Filipinas, pese a estar bajo la esfera portuguesa concedida en el Tratado de Tordesillas, por la expulsión de los españoles de las Molucas, por parte de los portugueses. Éstos, sin embargo, no se resignaron, tratando en un par de ocasiones de conquistar las islas, siendo rechazados.
 
Entre tanto, Legazpi envía a su nieto Felipe de Salcedo de regreso a México, junto con Urdaneta, quien descubrió la ruta por el norte del Pacífico de regreso al continente americano. En 1.566, llega a las islas Filipinas el galeón San Gerónimo, desde México, quedando así definitivamente establecida la ruta México – Filipinas.
 
A través de la ruta fueron llegando tropas, colonos, misioneros… que permitieron seguir avanzando en la conquista del resto de islas: Panay –donde se estableció la nueva base-, Masbate, Mindoro y Luzón, donde encontró gran resistencia por parte de los tagalos.
 
Legazpi destacó como gran administrador, introduciendo el sistema de encomiendas, que ya se había probado en América, y activando el comercio, sobre todo con China (en la isla de Luzón había una importante colonia de comerciantes chinos). La evangelización de los nativos se encomendó a las órdenes religiosas, en particular a la de los Agustinos, a la que pertenecía fray Andrés de Urdaneta.
La prosperidad de Mayniland, enclave musulmán, situado al norte de la isla de Luzón y dedicado al comercio, despertó el interés de Legazpi, quien en 1.568, envió a Martín de Goiti y Juan de Salcedo, al frente de 300 hombres, a su conquista.
 
Después de derrotar a piratas chinos, por el norte, y a los nativos de la zona, en dos batallas, se firmó la paz con el Rajah Matanda. Tras el acuerdo de López de Legazpi con los gobernantes locales Rajahs Suliman, Matanda y Lakandula, se funda la ciudad de Manila, con dos barrios, Intramuros, español, y extramuros, indígena.
 
De esta forma, se completaba el control de la isla de Luzón –a la que Legazpi llamó Nuevo reino de Castilla-, y con ello del archipiélago de las Filipinas. La nueva ciudad todavía hubo de sufrir un ataque, poco después, a manos del pirata chino Kima – Hong, siendo rechazado por el gobernador Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan de Salcedo.
 
Miguel López de Legazpi también conocido como “El Adelantado” o “El Viejo”, trasladó su residencia a la nueva capital, Manila, donde murió el 20 de agosto de 1.572.

 









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