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24/11/2014 - jesusangel Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Las batallas de Manila 1646.La Naval de Manila, las milagrosas victorias de España sobre Holanda por la supremacía de Filipinas
Las batallas de Manila 1646.La Naval de Manila, las milagrosas victorias de España sobre Holanda por la supremacía de Filipinas
Las batallas de Manila 1646.La Naval de Manila, las milagrosas victorias de España sobre Holanda por la supremacía de Filipinas
Las batallas de Manila 1646.La Naval de Manila, las milagrosas victorias de España sobre Holanda por la supremacía de Filipinas
La Naval de Manila, las milagrosas victorias de España sobre Holanda por la supremacía de Filipinas (2ª parte)
La batalla de la Naval está considerada como un hecho milagroso, ya que parece imposible que dieciocho galeones holandeses fuertemente armados fueran derrotados por dos viejos galeones españoles.

En 1646, una serie de cinco combates navales conocidos como las batallas navales de Manila o la Naval de Manila se libraron entre las fuerzas de España y las de Holanda, en el marco de la guerra de los Ochenta Años. Aunque las fuerzas españolas eran de tan solo dos galeones de Manila y una galera con tripulaciones compuestas principalmente de voluntarios filipinos, contra tres escuadrones holandeses, separados por un total de dieciocho naves, los escuadrones holandeses fueron derrotados severamente en todos los frentes por las fuerzas españolas, lo que obligó a los holandeses a abandonar sus planes para una invasión de las Filipinas.  

Antecedentes de las batallas Navales de Manila. 

La situación de Filipinas en 1644 era desesperante, el comercio estaba debilitado, las mercancias de Nueva España faltaba desde hacía dos años, las tropas estaban casi en cuadro, las unidades navales eran escasas por los naufragios y la construcción de nuevos galeones estaba paralizada por la falta de pertrechos.  

Reunidos en su base de Yakarta, los holandeses planean un golpe decisivo en las Filipinas. Al mando del almirante Maarten Gerritsz Vries (Fries) destinan 18 buques de guerra a la campaña, divididos en tres escuadrones.  

El 1 de febrero de 1646 una escuadra holandesa es avistada en Ilocos y Panagisan. Intentan convencer a los nativos para que se rebelen contra los españoles, sin éxito, lo que lleva al saqueo de varias poblaciones hasta la llegada de milicias españolas que les obligan a reembarcar.  

Primer combate (Cabo Bolinao) 

El 3 de marzo zarpan de Cavite los dos galeones españoles. El 15 de marzo se encontró a la escuadra holandesa en la costa de Pangasinan, concretamente en la isla Bolinao, situada en el extremo oeste del golfo de LingayenTras unas cinco horas de combate, los buques holandeses se retiraron amparados en la oscuridad y con los faroles apagados.  Pese a ser minoría, los dos galeones españoles persiguen a la superior escuadra enemiga hasta el cabo Bojador en el extremo norte de Luzón. Al amanecer del día siguiente, al perderse la escuadra enemiga, Ugalde da orden de regreso, sufriendo sólo daños menores sus naves, y sólo algunos muertos. 

Asedio de Ticao 

A mediados del mes de abril de 1646 entró en el archipiélago filipino el segundo escuadrón holandés, poniendo rumbo a la isla Joló. Posteriormente la escuadra holandesa puso rumbo a la península de Zamboanga, en el extremo suroeste de la isla Mindanao.

Tras un ataque frustrado, los holandeses desembarcan en la ensenada de Caldera. El capitán Pedro Durán de Monforte, con 30 españoles y dos compañías indígenas logra rechazar este ataque a la fortaleza, causándoles un centenar de bajas y obligándoles a reembarcar.

El 22 de junio fueron vistos acercándose a la isla de Ticado los siete buques de guerra holandeses y 16 lanchas. Al día siguiente descubren a los dos galeones españoles en el puerto de San Jacinto comenzando un bloqueo naval para impedir que escaparan los dos galeones.  

Temiendo ser atacados por tierra, Ugalde desembarca 150 hombres al mando del sargento mayor Don Agustín de Cepeda junto con el capitán Gaspar Cardoso y algunos cañones. 

Ese día a las 10 de la noche, los holandeses envían cuatro lanchas a reconocer el puerto. Los españoles les dejan acercarse y esperan a que desembarquen para recibirles con fuego de fusilería, causándoles graves bajas y obligándoles a reembarcar. 

Era el 24 de julio cuando el comandante holandés decide abandonar el asedio del puerto de San Jacinto y poner rumbo a Manila. Creyendo que el Galeón de Manila había recalado en alguno de los puertos cercanos al embocadero, el general español ordena hacerse a la vela al amanecer del 25 de julio y enfrentarse a la escuadra holandesa. En realidad el galeón San Luis, que había salido de Acapulco el 2 de abril de 1646, llegó a la altura del embocadero y recaló en el puerto de Cahayán tras haber perdido parte de la arboladura en los temporales que encontró. Arrastrado por las corrientes chocó contra las rocas y se hundió. Antes de su naufragio se habían desembarcado los caudales, la tripulación y parte de la carga. Posteriormente se recuperaron los cañones y pertrechos. 

Segundo combate (Marinduque) 

Consciente de que Manila está indefensa (sin barcos ni artillería), Ugalde se apresta a perseguir a los holandeses con sus exiguas fuerzas. 

Al amanecer del 29 de julio ya se encontraban a la vista los siete buques de guerra holandeses navegando juntos, y venían desde barlovento, al encuentro de los españoles.  

Los holandeses esperaron a la caída del sol para comenzar el combate, y poniendo dirección este cayeron los siete galeones y rodearon a la capitana Nuestra Señora de la Encarnación. El intercambio de disparos comenzó violentamente entre los siete holandeses y el galeón español, al que disparaban por todos los lados.  

Mientras tanto, el galeón Nuestra Señora del Rosario, que se encontraba fuera de la melé del combate, disparaba libremente contra los galeones holandeses, que tenían centrada su atención en capturar o hundir la capitana, causando muchos daños en los cascos y arboladura del enemigo.   

Ya estaba amaneciendo cuando cesaron las escaramuzas y el desigual combate finalizó. Hasta ese momento la capitana tenía a bordo varios heridos pero ningún muerto, y la almiranta tenía a bordo cinco muertos y varios heridos. 

Tercer combate (Mindoro) 

Perseguidos los buques holandeses por los dos galeones, son alcanzados el 31 de julio, entre la isla Mindoro y la isla Maestre de Campo, también llamada actualmente como Sibale. Comenzó el nuevo combate a las dos de la tarde entre los dos galeones españoles y seis holandeses. Los holandeses se centraron a la almiranta española, siendo rechazados por el apoyo de la capitana. 

Desesperados por no poder derrotar a los españoles y muy maltratados, abandonaron el lugar del combate poniendo rumbo a la costa. En la almiranta española hubo otros 8 muertos y varios heridos. Perseguidos por los dos galeones, desaparecieron de la vista al llegar la noche y apagar sus faroles. El gobernador de Filipinas, enterado de las victorias de los galeones españoles, ordena al general Ugalde regresar a Cavite. El general abandonó la búsqueda de la escuadra enemiga y puso rumbo al norte, llegando a Cavite el 31 de agosto. Las tripulaciones desembarcaron para un merecido descanso tras seis meses navegando y los dos galeones fueron debidamente reparados.  

Cuarto combate (Cabo Calavite) 

El 1 de septiembre de 1646 zarpa de Cavite el galeón San Diego cargado de mercancías rumbo a Acapulco. Había sido botado y alistado ese mismo año para realizar la ruta a Nueva España. Habiendo pasado el galeón San Diego la costa de Mariveles, cerca del islote llamado Fortuna, en la costa de Nasugbu, descubre a tres de los seis galeones holandeses. El galeón español consigue escapar de la persecución con rumbo norte y entrar de nuevo en la bahía de Manila, arribando a Cavite, donde informó al gobernador Fajardo. 

En una semana se encontraban listos para zarpar los galeones Encarnación, Rosario y San Diego, los tres armados en guerra.  

El combate entre las dos escuadras comenzó a las cuatro de la tarde del 16 de septiembre. En el momento más álgido de la batalla, con pérdida de vidas y muchos daños en casco, jarcia y velas, el almirante don Agustín de Cepeda ordena cesar el fuego. Los tres comandantes holandeses, creyendo el cese del fuego como una debilidad, acercaron sus buques para abordar y rendir el galeón confiados en su captura. Cuando se encontraban a tiro de pistola Cepeda ordenó lanzar andanadas por las dos bandas, causando tantos daños al enemigo que se retiraron del combate a las dos de la madrugada.  

Quinto combate (Corregidor) 

La batalla final tuvo lugar el 6 de octubre, con la escuadra española dispersada e intentando refugiarse en Mariveles. Tres barcos holandeses, viendo que los tres galeones estaban muy separados se lanzaron al ataque. 

Este combate ya duraba unas cuatro horas cuando los holandeses empiezan a huir, con la mala suerte de cesar el viento. La nave capitana holandesa estaba a punto de hundirse cuando regresó el viento. La capitana y la galera emprendieron la caza hasta la llegada de la noche, desapareciendo la escuadra holandesa al navegar con los faroles apagados. La capitana tuvo cuatro tripulantes muertos y varios heridos y ninguna víctima mortal en la galera. 

Conclusiones de las Batallas Navales de Manila o la Naval de Manila  

La batalla de la Naval está considerada como un hecho milagroso ya que parece imposible que dieciocho galeones holandeses fuertemente armados fueran derrotados por dos viejos galeones españoles, pero la fe hacia la sagrada madre del Rosario permitió alcanzar la victoria. 

Un consejo eclesiástico declaró milagrosas las cinco victorias españolas del año 1646. Desde abril de 1662 se celebra en Manila, cada segundo domingo de octubre, la festividad de La Naval de Manila en homenaje a los soldados que vencieron a los enemigos con la intercesión de la Virgen Nuestra Señora del Rosario.

Pese a tener que luchar contra armadas muy superiores, España pudo conservar Filipinas y nuestro dominio en el Ocean Pacíficio durante más de tres siglos.  

 

Fuentes : todoavante.  https://aforjar.wordpress.com

 
Comentarios: 2
Antonio Herrero dijo el 13/02/2017 a las 23:56h.
Desconocia esta batalla contra los Holandeses , pero me parece un hecho Heroico en una batalla tan desigual .    Avisar al moderador
aguirio dijo el 03/12/2014 a las 21:27h.
Muy emotivo el relato que revela la fé y la entrega de sus creencias de aquellos que hicieron grande a España inchando de orgullo los pechos de aquellos que supieron defenderla contra viento y marea de los que trataban de humillarla. Loor y gloria a los caídos que hicieron prevalecer la hegemonía de la escuadra española por tantos años.   Avisar al moderador








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